La aristocracia del barrio

Como al fin la Concacaf tendrá representación en la final del Mundial de Clubes, hablemos entonces de los Tigres del barrio de San Nicolás de los Garza

La aristocracia del barrio
Jorge Murrieta / Sin Rollos / Opinión El Heraldo de México

“Son la aristocracia del barrio... Lo mejor de cada casa... Tomando el sol en la plaza”, cantaba el maestro Joan Manuel Serrat, a mediados de los 70, con su inconfundible acento catalán y sus magníficos timbres que emulaban falsetes de corta duración. No se entendería que citáramos a Serrat (mucho menos en un escrito que versa sobre futbol y no está el Barcelona invitado), a menos que habláramos de lo “mejorcito” de cada barrio, entendiendo como tales a cada una de las confederaciones que comprenden el mundo de la pelota.

Y como al fin la Concacaf logró colar a uno de sus participantes a la final del Mundial de Clubes, hablemos entonces de los Tigres del barrio de San Nicolás de los Garza, que mañana tendrán la prueba más dura de su historia (luego de aquel atropellado y bochornoso incidente en el Monumental de Núñez).

Si México, como país, no puede dar campanadas monumentales en Copas del Mundo, los equipos de su liga pueden al menos intentarlo. El todopoderoso Bayern Munich espera tranquilo, como campeón de Europa, la cita con su rival americano. La diferencia de planteles y nóminas es abismal. Las apuestas son abrumadoras en favor del cuadro bávaro. Pero si algo tiene de noble este deporte es que deja que 11 contra 11, sin distingo de clases sociales, razas o colores, puedan enfrentarse bajo las mismas reglas en un terreno neutral. Y por ahí tienen su chancecito los felinos del Tuca, ese viejo rácano y malhumorado, capitán de mil batallas y que de futbol, aunque nos lo esconda, sabe demasiado.

En dos partidos en tierras qataríes, la oncena regia despachó primero, sin mayores contratiempos, al tosudo y correlón Ulsan Hyundai, de Corea del Sur, por dos goles a uno. La eterna presencia del legendario André-Pierre Gignac guió a los mexicanos a la conquista del pase a la semifinal, donde habrían de encontrarse con el campeón de la Libertadores, el otrora grande Palmeiras, que de milagro llegó a la final sudamericana haciendo un futbol tan lejano del jogo bonito que hasta parecía uruguayo: patadas, de punta pa’ arriba, escaso talento y una enorme dosis de fortuna.

Pero el futbol es veleidoso y la pelota, como diría algún filósofo del futbol, es floja y siempre se mete en la portería que tiene más cerca. El partido fue intenso, disputado, ríspido por momentos, pero la calidad de los jugadores del club mexicano afloró de manera contundente para marcar la diferencia.

Tigres es más que Palmeiras, aunque éste juegue el Brasileirao y sea el campeón de América. Contra todo pronóstico, Diego Reyes se mandó un partido de gente grande en la central, apoyado por Carlos Salcedo. Cuando Nahuel se pone serio es el mejor arquero del continente. Si en tu equipo están Carioca y Pizarro conteniendo en el medio campo, tienes parte del problema resuelto, pero si además cuentas con un lateral como El Chaka y un artillero como el francés Gignac, puedes presumir de tener al mejor equipo de México, aunque su técnico no siempre eche a sus perros a pelear como debiera.

Mañana a las 12 del día (tiempo del centro), los Tigres irán por la gesta histórica: intentar ya no ganarle, pero hacerle partido al ferrocarril alemán que es el Bayern Munich y que tiene entre sus filas a jugadores medianitos como Neuer, Alaba, Boateng, Kimmich, Sané, Gnabry, Costa, Müller, Lewandowski, etc.

Según Transfermarkt, el valor de la plantilla de los Tigres de la U es de 59.40 millones de euros. No se trata de espantar a nadie, pero el Bayern cuesta algo así como 879.50 millones en esa misma moneda. Dejémosla ahí, esperando que los Ti-gue-res intenten tener la pelota y no se achiquen ante un peso pesado de dimensiones históricas.

Son, la aristocracia del barrio...

Y hay barrios ricos y otros que no lo son tanto.

POR JORGE MURRIETA.
@JORATLA


Compartir