De culto

Cruz Azul se reinventó a la inversa y acá te explicó la razón

De culto
Jorge Murrieta / Sin Rollos / Opinión El Heraldo de México

Cruz Azul y sus desatinos. La película de La Máquina la debió haber dirigido Buñuel y el guion, explicado con manzanas, lo hubieran escrito Luis Alcoriza, Kafka y el toque de humor negro le hubiera correspondido a los próceres de la comedia negra: Joel y Ethan Coen. 

El Cruz Azul es un ente complicado, difícil de entender incluso para sus dirigentes. Tiene un mecanismo ininteligible. En las arcas hay “pasta” de sobra. Nunca un equipo de futbol mimó tanto a sus futbolistas como éste. Pero tampoco falló tanto a la hora de dar la última brazada para llegar primero.

Por ello no alcanzamos a dimensionar la tragedia que cada vez humaniza más y más al equipo de La Noria. Cruz Azul no es uno de los “cuatro grandes” —sería rebajarlo al mínimo— dejó de ser para cualquiera y se entregó a una secta de feligreses carestiados y ayunos de afecto. El equipo se reinventó al revés. Nació grande y se chupó como un limón. Cruz Azul es de culto, como lo son el Atlante, El Púas Olivares, Rafael de Paula, Los Lobos y Juan José Arreola.

Ya ni siquiera se respetan las formas en un club que solía ser modélico, con jugadores de primera (mexicanos y extranjeros), instalaciones de primer mundo, sueldos espectaculares y en tiempo. Lo tenía todo (lo tiene, dirán algunos), menos la grandeza de ganar. Ya empatado en títulos con el León y rebasado por Toluca, el cuadro capitalino sigue alzando el cogote para verle las narices a las Chivas y al América.

El término “cruzazulear”, que a muchos ofende, bien podría engrosar la lista de palabras que integran las páginas de la RAE. Se trata de aquel individuo que, a punto de cumplir su cometido, lo echa todo a perder de manera recurrente.

Perdió finales increíbles con el América, el Toluca, el Monterrey, pero el colmo de su mal sino quedó de manifiesto hace aproximadamente un mes, cuando debía conservar una ventaja de cuatro goles contra los Pumas. En CU “todo se derrumbó”, como en la canción de Manuel Alejandro, y los felinos hicieron los cuatro goles que necesitaban para avanzar a la final. La madre, sí, de todas las cruzazuleadas.

Después de haber entablado cantinflescas negociaciones con Hugo Sánchez, la directiva celeste se decantó por el peruano Juan Reynoso para pilotear la nave.

Como jugador, central exquisito de la última época de gloria cruzazulina. Ergo, conoce la entraña. 

Tras un paso digno como técnico por su país de origen, Reynoso recaló en Puebla para hacer un trabajo realmente sobresaliente. Pero el reto grande está por venir: conquistar la novena estrella para La Máquina, después de más de 23 años de sequía.

POR JORGE MURRIETA.
@JORATLA


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