La fiesta Covid

Tal pareciera que, en muchos casos, la falta de cacumen es requisito indispensable para poder jugar futbol al más alto nivel

La fiesta Covid
Jorge Murrieta / Sin Rollos / Opinión El Heraldo de México

Existe un refrán que a la letra reza: “La juventud es una enfermedad que se cura con los años”. Es bonito. Lo escuchábamos constantemente cuando teníamos entre 15 y 25 años, pero no necesariamente el dicho es verdadero. 

Hay quienes, por su profesión, están obligados a madurar más temprano. Los deportistas de alto rendimiento, por ejemplo. Y para ser más específicos, los futbolistas profesionales, que deben serlo y comportarse como tales las 24 horas, los siete días de la semana. 

Tal pareciera que, en muchos casos, la falta de cacumen es requisito indispensable para poder jugar futbol al más alto nivel y en este país —madre de Dios— acaban incluso ocupando gubernaturas, sin siquiera haber terminado la primaria. Es decir, hay jugadores que sacan 10 de los pies al cuello y cero del cuello para arriba. Y no es su culpa. La vida del futbolista que ha alcanzado cierto estatus suele ir acompañada de amistades falsas que ven en la ignorancia un reducto de solaz esparcimiento. Son rémoras que se alimentan del “amigo” famoso; le sacan dinero, comidas, abusan de su confianza y terminan por hacerle un daño terrible. El falso amigo es un cáncer que se inocula en la piel del famoso y se queda ahí, vagando, durante años y años.

Se necesita ser muy tonto para dejarse ver vestido con los pants del equipo en plena fiesta y en plena pandemia. Los falsos amigos al acecho, grabando con un celular un video que en instantes se haría viral. Ahí estaba el goleador de la Máquina: Jonathan Cabecita Rodríguez, aparentemente tranquilo, recargado en una pared, con la ropa de entrenamiento de Cruz Azul. No sabemos si estaba tomando o consumiendo alguna otra sustancia.

Aparentemente, no. Pero en tiempos de la peor pandemia que ha azotado a nuestra generación, y tratándose de una figura pública, el cementero debió ser prudente. El protocolo dicta que del entrenamiento a la casa y viceversa. Ya habrá tiempo para fiestas. La camaleónica directiva de Cruz Azul tiró por la calle de en medio y el castigo fue nimio. Es un hecho. La cabecita de Rodríguez está en China.

El lateral de los Pumas, Alan Mozo, fue captado en un restorán bebiendo shots de tequila de forma grotesca, sin usar las manos, como adolescente baboso en Spring Break. En este caso, tanto la liga como la directiva universitaria hicieron lo correcto y separaron al jugador de manera indefinida.  Dirían en mi pueblo que “Dios los hace y ellos se juntan”...

POR JORGE MURRIETA.
@JORATLA


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