COLUMNA INVITADA

Un rostro más humano: México hacia un nuevo paradigma de la CID

Por primera vez en la historia, una nación de renta media implementa directamente proyectos sociales en terceros países que priorizan el bienestar de las personas

OPINIÓN

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Mónica Pérez Egüis / Columna invitada / Opinión El Heraldo de México

La Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID) es el conjunto de esfuerzos de gobiernos, organismos internacionales y sociedad civil para promover acciones que contribuyan al desarrollo humano sostenible. En las últimas décadas, México ha reafirmado su tradición cooperante con los pueblos del mundo gracias a la inclusión, en 1988, de la CID como principio normativo constitucional, y con la creación de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid) en 2011. Sin embargo, es hasta ahora que la CID ha cobrado cada vez mayor importancia como instrumento de transformación en un mundo globalizado que requiere de acciones concertadas y de mayor impacto para enfrentar problemáticas comunes como la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la migración forzada y el cambio climático.

Si bien la CID ha tenido una gran relevancia como mecanismo de concertación global, es necesario reconocer que aún existen dificultades que el sistema tradicional de cooperación no ha podido enfrentar de manera eficiente y que requieren una atención prioritaria más allá de la coyuntura global. En términos reales, a pesar de siete décadas de esfuerzos de cooperación, la brecha entre los países más desarrollados y el resto del mundo ha aumentado, más de mil millones de personas subsisten con un dólar al día, casi 10 por ciento de la población global está desnutrida y la mortalidad infantil en los países menos desarrollados puede llegar a 12 por ciento. Las iniciativas de la CID han tenido logros destacados, pero hay que aceptar que han sido insuficientes por razones estructurales.

Para entender la necesidad de un cambio de paradigma de cooperación, es importante reconocer que existen problemáticas en la arquitectura global de la CID. La definición de objetivos prioritarios de cooperación, en su mayoría, sigue siendo un tema que se define unilateralmente desde el país donador, que por lo general tiene poca participación y entendimiento del contexto y necesidades de los países receptores, se incurre en enormes gastos administrativos en proporción de montos totales de apoyo, es recurrente que se prioricen los “intercambios de experiencias” de funcionarios frente a la asistencia directa a la población, hay una creciente preferencia por el escritorio sobre el territorio y una tendencia a condicionar la ayuda, entre otros problemas.

Desde la llegada de la administración actual se ha construido un nuevo paradigma de cooperación como política de Estado, definida en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024. Por primera vez en la historia, un país de renta media implementa directamente proyectos sociales en terceros países, proyectos que priorizan el bienestar de las personas, donde se busca mejorar la eficacia de la cooperación con resultados tangibles y de corto plazo, a través de iniciativas de bienestar social que llegan de forma directa a la población objetivo, construyendo capacidades y logrando un efecto multiplicador de desarrollo en las familias y las comunidades.

Los proyectos Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, con una estructura de operación en campo de recursos humanos limitados, operan con un uso eficiente del presupuesto disponible a fin de reducir los gastos operativos, privilegiando la entrega de apoyos directos a las personas. A la fecha se ha logrado beneficiar a 40 mil personas en Honduras y El Salvador, e indirectamente a cerca de 45 mil personas. Estas aportaciones al cambio de paradigma de la cooperación internacional reivindican el rol de los países en desarrollo como agentes de cambio capaces de romper con la dependencia de las fuentes de financiamiento de los donantes tradicionales para alcanzar sus objetivos nacionales de desarrollo.

Predeciblemente, un cambio de paradigma de cooperación de esta magnitud encuentra resistencias inerciales en distintos frentes. Sin embargo, nuestra experiencia en territorio, con la gente, demuestra que estamos en el rumbo correcto. Desde la innovación, con resultados tangibles que es posible advertir en las comunidades, la Amexcid contribuye a la transformación de la realidad social y económica de quienes más lo necesitan. México es un país solidario, y por ello estamos convencidos de que el desarrollo de las personas siempre será la mejor forma de hacer cooperación.

POR MÓNICA PÉREZ EGÜIS
DIR. GRAL. DE EJECUCIÓN DE PROYECTOS ESPECIALES DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL EN LA AMEXCID

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