Ser niño en tiempos de crisis

Una noche me cayó un veinte que me dio terror. Me he pasado la vida tratando de que mis hijas sean felices, de que no pasen por los sufrimientos que yo pasé de niña

Ser niño en tiempos de crisis
Laura Elena Gerdingh / Colaboradora / Opinión El Heraldo de México

Una noche me cayó un veinte que me dio terror. Me he pasado la vida tratando de que mis hijas sean felices, de que no pasen por los sufrimientos que yo pasé de niña. Nunca me preocupé por hacerlas fuertes. Me senté en la cama de Fer, mi niña adorada. Ella es un hermoso cascabel, su dulce voz tiene la mezcla perfecta entre ternura y alegría, tintinea por toda la casa y llena de vida el lugar donde se encuentre.

Fer alegra mi vida, hace vibrar mi corazón y lo llena de amor y orgullo, simplemente me derrito de amor al verla. Le dije que necesitaba hablar con ella, vino feliz y se sentó frente a mí, mirándome con alegría, curiosidad y amor. Tomé sus delicadas manos y mirando sus preciosos e inquietos ojos, pude ver cómo su mirada se transformaba de amor y felicidad a terror, verdadero terror, cuando le dije que yo tenía cáncer.

El pánico se apoderó de ella y la paralizó, yo pude escucharla, acompañarla, sostenerla. Lloramos abrazadas una de la otra, tan compenetradas, sensibles y vulnerables como cuando era bebé. Esa noche dormí con ella y nuestros corazones latieron a un mismo ritmo, el del dolor compartido, mucho mejor que el del dolor solitario. Otra noche, me senté en la cama de Pau, de mi niña adorada.

Ella es una imponente jacaranda. Con un tronco fuerte y sólido, decidido y de gran presencia, pero con unas flores delicadas y hermosas, con un aroma suave y una presencia frágil, que inundan todo el lugar donde se encuentre, Pau embellece mi vida, cimbra mi corazón y lo hace henchirse de amor y admiración, simplemente me derrito de amor al verla. La llamé, ella se sentó frente a mí y me miró con ternura, sensibilidad y amor.

La abracé y mirando sus profundos y hermosos ojos, fui testigo de cómo su mirada enigmática se transformaba en angustia indescriptible, una angustia que, me di perfectamente cuenta, su mente no estaba preparada para tolerar. Una angustia que la enloquecería si yo no hacía algo. Nos fundimos en un abrazo interminable, mientras le aseguré que estaba haciendo todo para estar mejor.

La pude contener y pudimos llorar asustadas, frágiles pero unidas por los tantos momentos entrañables compartidos, hasta que nuestros sollozos se volvieron sueños. Estar en psicoanálisis, es el mejor regalo que pude darles a mis hijas. Tengo la certeza de que esto me ha permitido ser mejor mamá de lo que hubiera sido sin este crecimiento personal, llamado psicoanálisis. (extracto del libro Cáncer escogiste a la Cabrona Equivocada) .…

Eres lo mas importante para el bienestar de tus hijos. Niños a quienes la pandemia también está afectando. Así que este día del niño, mas que nunca, el mejor regalo que puedes ofrecerles es que trabajes para estar emocionalmente lo mejor posible y así ser la mejor madre o padre que puedas ser. Para hablarles con la verdad, escucharlos, comprenderlos, sostenerlos, guiarlos, disfrutarlos, respetarlos, dejarlos resolver lo que pueden resolver pero acompañándolos.

Por que muchas veces nos confundimos y pensamos que nuestro papel como padres es irles quitando las dificultades que se les presentan. Cuánto daño les haríamos, convertirlos en niños débiles. Claro que se nos partirá el corazón cuando los veamos fracasar o sufrir, pero eso les dará las herramientas necesarias para enfrentar nuevas batalles y la fortaleza para no darse por vencidos.

El mejor regalo que podemos darles es amarlos como necesitan, y confiar en sus capacidades como se merecen. Eso deseo para estos niños a quienes les tocó crecer en tiempos de Covid.

POR LAURA ELENA GERDINGH
Psicoterapeuta/Speaker
@LGERDINGH

maaz


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