El feminismo en la 4T

Las mexicanas estamos aún lejos de una verdadera equidad, acceso a derechos reconocidos y a la toma de decisiones de alto impacto

El feminismo en la 4T
Azul Etcheverry / Claraboya / Opinión El Heraldo de México

Estos últimos días hemos sido testigos, otra vez, de cómo el machismo institucionalizado y la violencia de género vuelven a ser desafortunadamente, tema de discusión pública. Veo con relativa sorpresa como el presidente Andrés Manuel López Obrador solapa personajes que, si bien no han sido procesados por acusaciones en su contra, sí hablan de una calidad moral dudosa, máxime cuando pertenecen en teoría a un partido político que se enorgullece por tener calidad moral.

Postulaciones como la de Félix Salgado a la gubernatura de Guerrero ponen en duda si Morena y la 4T priorizan la lucha social como uno de sus estandartes. Sin duda, esa parte del movimiento feminista que se arropa en la noción de ideales político-sociales vanguardistas y reivindicadores, como los que concibieron a este partido, hoy se siente decepcionada al ver que para sus dirigentes las acusaciones formales hechas por víctimas de violencia sexual son desapercibidas y menospreciadas como una justificación electorera.

Se podrá decir que se tiene el gobierno más feminista y se dispone de un gabinete igualitario, no obstante, las omisiones del líder del movimiento y Presidente de México lo tienen en una contradicción. Las mexicanas estamos lejos de esa verdadera equidad, acceso a derechos reconocidos y a la toma de decisiones de alto impacto que históricamente exigimos.

El sistema político, económico y social está regido por hombres conservadores en quienes los movimientos sociales no han podido permear y no sólo eso, sino que en muchas ocasiones este sistema hace renunciar a sus convicciones a las mujeres que buscan un cambio social.

Hasta donde hemos visto, Morena está dividido en corrientes feministas que en el fondo coinciden en la reivindicación del rol de la mujer en el escenario actual, pero las formas y las metas difieren entre sí. El problema se mantiene cuando en la dirigencia esto no trasciende. El Presidente tendría dificultad para considerarse feminista, o al menos, no lo refleja así en los temas prioritarios de su agenda.

Debemos tener en cuenta la división interna que está causando su decisión. No tengo duda de que considera a las mujeres como vulnerables dentro de sus programas sociales, pero esta consideración sólo representa una parte de la agenda feminista contemporánea que abarca temas como salud reproductiva, derechos sexuales y seguridad, a los que el Presidente no tiene como pendientes importantes.

Esto causa más asombro si lo aterrizamos a la coyuntura electoral actual. Ya que la discusión se centra en Guerrero, Morena tenía tres candidatas que bien pudieron haber contendido por la gubernatura: despuntaba Beatriz Mojica, con un respetable bagaje partidista, pero también con un abierto apoyo a Ricardo Anaya en 2018. Pero Morena decidió postular a un candidato históricamente problemático.

Sabemos que López Obrador se hace rodear de gente de confianza, que ha colaborado con él en el pasado y consecuentemente los despliega dentro de sus círculos más cercanos. El dilema es que no dimensiona que las bases que lo constituyeron como mandatario lo hicieron para hacer escuchar sus necesidades y no las de sus cercanos políticos.

POR AZUL ETCHEVERRY
AETCHEVERRYARANDA@GMAIL.COM 
@AZULETCHEVERRY


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