Modelo de diseñador

A lo largo de los años, el vínculo de Rafael López Castro con la complejidad simbólica que caracteriza a los dibujos de los antiguos mexicanos, ha formado los valores críticos que le permiten descifrar con claridad el bello significado de esas referencias visuales de nuestra cultura

Modelo de diseñador
María Stein. RAFAEL LÓPEZ CASTRO. Portada interior del libro "Las extraordinarias historias de los códices mexicanos", María Sten. Dibujo a tinta china. 1972. Offset.

Ángeles, vírgenes, piezas prehispánicas y una extraordinaria biblioteca con temas sobre lo mexicano conforman el espacio de trabajo en el cual Rafael López Castro (1946, Degollado, Jalisco) desarrolla, con gran imaginación, su labor como diseñador gráfico. Este lugar se ubica en una calle a cuyo nombre hace honor: Leonardo Da Vinci, en la colonia Mixcoac, de la Ciudad de México. Este sitio da fe de su enorme aportación al mundo y a la estética del diseño teniendo como vehículo el símbolo mexicano; en él se transportan Quetzalcóatl, Cortés, Juárez, José Guadalupe Posada, Ramón López Velarde, Rulfo, Zapata, Villa, la Guadalupana, héroes de la Independencia; ahí viajan todos, incluido el sonido de Óscar Chávez, rosas, dalias, águilas, Sor Juana y Cristo.

En este renglón aparecen en su trabajo referencias notables, como el proyecto que origina su relación inseparable con la gráfica prehispánica, el libro de la historiadora polaca María Sten (1917-2007), Las extraordinarias historias de los códices mexicanos (Joaquín Mortiz/Contrapuntos, 1972), esta bella edición ilustrada en su totalidad por Rafael es la puerta de entrada a su pasión por el símbolo mexicano, los dibujos realizados en blanco y negro son de una gran higiene en su trazo. La dedicatoria que hace Sten en ese libro está acompañada del dibujo de un águila y dice: “A la memoria de los tlacuilos anónimos que dejaron a la posteridad la visión pictórica del mundo prehispánico. Para Paule y Emile”.

Este libro nos permite establecer un paralelismo con la devoción mostrada por otro gran “tlacuilo”:  Miguel Covarrubias y sus ilustraciones para El Pueblo del Sol, de Alfonso Caso (Fondo de Cultura Económica, 1953). 

A lo largo de los años, el vínculo de Rafael con la complejidad simbólica que caracteriza a los dibujos de los antiguos mexicanos ha formado los valores críticos que le permiten descifrar con claridad el bello significado de esas referencias visuales de nuestra cultura. Las soluciones antropomorfas y zoomorfas que caracterizan el trabajo de Rafael, hechas con la técnica del collage desde principios de los años 80 (la serie de carteles sobre música para el CREA son el mejor ejemplo), tienen un buen referente en la combinación de elementos que encontramos en la gráfica prehispánica; su recurso han sido los grabados de los bellos libros del siglo XIX de la editorial norteamericana Dover, material iconográfico infaltable en su extensa biblioteca. Con una cantidad importante de collages ha construido su propio Jardín de las delicias y su Zoología fantástica, El Bosco y Borges caminan entre el conjunto de sus estilógrafos, tijeras y pegamento. En su casa admite todo tipo de animales fantásticos, siempre y cuando sean de papel.

ESTILO. El diseñador gráfico ha resignificado a personajes históricos y artísticos

En 1950, a la edad de cuatro años llega a la ciudad de México. Esta gran ciudad lo recibió en su periferia, al norte, muy cerca del Cerro del Tepeyac y al final de la Avenida Eduardo Molina que inicia con el Palacio de Lecumberri, ahí donde estuvo prisionero José Revueltas, referente indiscutible de la izquierda mexicana. Esta zona urbana muy poco poblada entonces, era la frontera de la ciudad, fue la Tijuana de aquellos años: mucha gente llegó de diferentes partes del país. Un lugar donde, como en toda frontera, no podía faltar un mercado de muebles y objetos usados que fue y sigue siendo el gran escenario, el famoso tianguis de la colonia San Felipe de Jesús, rumbo parecido en aquellos años a las locaciones de Milagro en Milán (1951), filme italiano dirigido por Vittorio de Sica.

Al momento de revisar la colección Lecturas mexicanas, extensa serie de doscientas portadas diseñadas por Rafael, no podemos dejar de imaginar que su primera gran lección visual fueron todos aquellos objetos desgastados, lastimados, de diferentes usos, que le proponen al lector una atmosfera de empatía, provenientes de mercados como el de la San Felipe, correspondientes de aquella frontera en la que creció: infancia es estética y estilo. Rafael rescata el carácter visual de esos objetos expuestos a pie de calle para convertirlos en la poesía visual que distingue a esa valiosísima colección de textos literarios mexicanos. Daniel Gil, el extraordinario diseñador español de aquellas portadas para Alianza Editorial, también hubiera sido cliente de ese mercado de los rumbos del norte de la ciudad de México. El barrio fue el primer instructor visual de López Castro.

TRABAJO. López Castro ha diseñado carteles publictarios y cinematográficos.

En su repertorio gráfico aparecen ejemplos que confirman su vocación mexicanista, uno de ellos es la amplia serie dedicada a Ramón López Velarde, en el cartel realizado con un soberbio dibujo a lápiz que demuestra su fase académica encontramos en la mejilla del poeta zacatecano un beso tricolor. A López Velarde lo ha dibujado en múltiples técnicas, pero también lo ha leído innumerables veces; el poeta ha sido uno de sus leit motiv en su amplio trabajo dedicado a lo mexicano; el poema “La suave Patria” lo ha convertido, con sus lápices, en su Suave trazo. En esta canasta visual igualmente aparecen dibujos hechos con la técnica del puntillismo y a lápiz de uno de los notables artistas que significan a México: José Guadalupe Posada, puesto en la escena y para el reconocimiento artístico por el pintor francés Jean Charlot. Imagino el trabajo de Rafael en el ambiente chicano, la evocación de estos símbolos obedece a un reconocimiento de su raza.

 

En este conjunto infinito de carteles y portadas que muestran el desarrollo del diseño gráfico en la cultura, el centro del país está muy bien representado visualmente ya sea desde lo gráfico o a partir de su otra pasión que es la fotografía, de la cual se derivan amplias series de carteles, ahí destacan los realizados para otro de sus clásicos, su paisano Juan Rulfo. No en balde y por su gran interés por la lectura de Pedro Páramo, a López Castro se le acredita como uno de los lectores que pueden recordar casi todas las líneas del libro más importante de la literatura mexicana del siglo XX. En la portada de Lecturas mexicanas número 50, utiliza el papalote como símbolo para ilustrar el pasaje en el cual aparece Susana San Juan, la imagen del papalote transporta a otro plano la atmósfera de la novela, la saca del lugar común, el uso del arriero o la imagen típica rural, esa portada representa a la novela desde la fragilidad del actor principal:

Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes. Cuando volábamos papalotes en la época del aire.

Su trabajo para el cartel cinematográfico es extenso, incisivo y atinado; destacan entre otros los de las películas de Felipe Cazals: El Apando (1976) y Canoa: memoria de un hecho vergonzoso (1976), afiche al que el cura de San Miguel Canoa, Puebla, dedicó una misa en su contra por “antireligioso”.

En 2019 la Universidad Iberoamericana Campus Santa Fe, otorgó el reconocimiento Honoris Causa a Vicente Rojo y en su discurso mencionó: "Yo definiría a Rafael como un modelo de diseñador, todo un ejemplo a seguir".

Por: Germán Montalvo

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