COLUMNA INVITADA

Las redes sociales ante el Senado de Estados Unidos: la falta de límites para controlarlas

A medida que los dispositivos tecnológicos y las plataformas digitales alcanzan nuevos territorios, la humanidad comienza a mutar en formas de entenderse

OPINIÓN

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Luis Miguel Martínez Anzures / Colaborador / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

El avance de la tecnología y el fortalecimiento de la era digital junto a la propagación de nuevas formas de comunicación en el mundo de la actualidad, son caminos aún desconocidos para la humanidad. Pareciera que a medida que los dispositivos tecnológicos y las plataformas digitales alcanzan nuevos territorios, la humanidad comienza a mutar en nuevas formas de entenderse y significarse a sí misma.

Este último componente es sustancialmente importante, debido a que la resignificación de sus identidades colectivas, ya no forman maneras de asociacionismo, como en el pasado, sino todo lo contrario, dividen a las personas, causan estrés, ansiedad, depresión, entre otros grandes males a las nuevas generaciones.

En medio de este contexto, el miércoles 31 del pasado mes de enero, en el senado de los Estados Unidos,  directores generales de las principales redes sociales como: Meta, TikTok, X y otras plataformas digitales, se presentaron ante la Comisión de Asuntos Jurídicos de la cámara alta de aquella nación, para testificar en un momento en que legisladores y padres de familia, se han mostrado cada vez más preocupados por los efectos de las redes sociales en las vidas de los jóvenes del país de las barras y las estrellas.

La audiencia comenzó con testimonios grabados de niños y padres que aseguraron que ellos o sus hijos fueron explotados en las redes sociales. A lo largo de la sesión de varias horas, padres cuyos hijos se quitaron la vida, sostuvieron en silencio fotografías de sus hijos fallecidos. Fue en términos generales una comparecencia demoledora y muy desgastante para la sociedad de aquel país, pero, sobre todo, para las compañías de entretenimiento y comunicación digital.

Era como si el grueso de la sociedad estadounidense se observara en el espejo y se aterrara de lo que han construido a lo largo de los años producto de sus propios avances tecnológicos.

Legisladores y padres de familia empezarían esta sesión con comentarios impactantes:

“Son responsables de muchos de los peligros que nuestros niños enfrentan en línea. Sus elecciones de diseño, el no invertir adecuadamente en confianza y seguridad, su constante búsqueda de interacciones y el situar a las ganancias por encima de la seguridad básica han puesto a nuestros hijos y nietos en riesgo”.

Pero quizás uno de los momentos más significativos del encuentro, fue cuando se le pregunto al dueño de meta, si alguna vez habían compensado de alguna manera el daño de una de las víctimas, producto de la invasiva carga emocional que había generado su empresa en un chico de aquel país, a lo que el contesto lo siguiente:

“No lo creo”, respondió Zuckerberg. “Aquí hay familias de las víctimas”, continuó el senador republicano Hawley. “¿Le gustaría disculparse con ellas?”

Zuckerberg se puso de pie, se alejó del micrófono y de los senadores, y se dirigió directamente a los padres presentes en el recinto.

“Lamento por todo lo que han pasado. Nadie debería pasar por las cosas que han sufrido sus familias”, dijo, añadiendo que Meta sigue invirtiendo y trabajando en “programas a lo largo y ancho de la industria” para proteger a los niños.

Pero los defensores de los niños y los padres de familia han resaltado una y otra vez que ninguna de las compañías está haciendo lo suficiente.

Una de las madres que asistió a la audiencia fue Neveen Radwan, cuya hija adolescente fue absorbida hacia “un hoyo negro de contenido nocivo” en TikTok e Instagram, después de que comenzó a ver videos sobre alimentación saludable y ejercicio al inicio de los confinamientos relacionados con la pandemia. La joven desarrolló anorexia pocos meses después y estuvo a punto de morir, relató Radwan.

“Nada de lo que se dijo hoy fue diferente a lo que esperábamos”, señaló Radwan. “Fueron muchas promesas y, para ser sinceros, muchas habladurías sin que alguno de ellos dijera algo en realidad. La disculpa que ofreció, aunque se aprecia, fue, desde luego, un poco demasiado tarde”.

Pero quizás lo que muchos padres de familia y representantes de la sociedad civil estadounidense no vieron o no quieren ver, es que paralelo a sus reclamos hacia los dueños de las redes sociales y las ganancias que sus compañías  han hecho por medio del consumo indiscriminado y sin restricciones de sus productos por parte de los niños y adolescentes en aquella nación; detrás de todo ese fenómeno,  también se encuentran profundos vacíos emocionales y una honda limitación cognitiva que las nuevas generaciones en aquel país, sufren a consecuencia de lo que algunos analistas, ya califican como la decadencia de la sociedad del país de las barras y las estrellas.

Muchas son las lecciones que al mundo arrojan este tipo de ejercicios entre sociedad y gobierno, pues lo más fácil, es echarle la culpa de todos los males a las compañías  trasnacionales que siempre buscan lucrar con el comportamiento humano incidiendo en sus hábitos de consumo (lo cual es parcialmente cierto), sin embargo, a la par de este fenómeno, siempre convendrá preguntarse ¿en que lugar queda la base de valores que una sociedad tiene para enfrentar este tipo de fenómenos, cuando sus vacíos emocionales son cubiertos por el consumismo, el morbo, la depredación o la violencia?

Hasta donde se pueda apreciar, el papel de cualquier autoridad gubernamental es dar certezas respecto al bienestar colectivo, a partir de la actualización y el establecimiento de normas tendientes al respeto de las identidades colectivas e individuales, así como, de los bienes de las personas y la manera de relacionarse entre ellas, pero el componente más importante de cualquier clase de sociedad, es formar a sus nuevas generaciones con principios, valores y componentes cognitivos y conductuales, que les permitan discernir de mejor manera entre la superficialidad y la vaguedad del mercado y las verdaderas relaciones humanas.

POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES
PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL DE ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

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