EL GALEÓN DE MANILA

Reconfiguración del orden global y alianza China-Rusia

El presidente Vladimir Putin no tiene empacho en cometer un genocidio en Ucrania o en causar una hambruna global para lograr sus fines

OPINIÓN

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Gerardo Traslosheros / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

Hace unos días, Xi Jinping reafirmó su apoyo a Vladimir Putin, reiterando su acuerdo sin límites previo a la invasión de Rusia a Ucrania. Moscú y Beijing consideran legítima la acción ante la supuesta amenaza a la seguridad rusa de parte de Occidente. China ahora busca cerrar el mar de Taiwán preparando otra invasión, mientras que Rusia reclama una ruta de acceso libre a su enclave europeo en Kaliningrado, amenazando a Lituania.

La alianza chino-rusa se refuerza y su competencia con el mundo democrático desarrollado (Occidente) se intensifica. China ofrece recursos al mundo en desarrollo, aumentando su influencia, a través de su iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) mientras que la contraoferta de Occidente ha sido lenta, insuficiente y descoordinada.

Al inicio de la guerra, la dependencia europea de los energéticos rusos era muy elevada, lo que debió contar en el cálculo de Putin para lanzar su aventura bélica, a pesar de que subestimó la capacidad de reacción de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN.) China compra los productos rusos que Occidente deja de adquirir. Estados Unidos y sus aliados se ven contra las cuerdas por los efectos de la guerra y sus sanciones contra Rusia. Se han disparado los precios de la energía, microchips, alimentos y fertilizantes, entre otros.

La guerra provoca una crisis alimentaria global, en especial en África y Medio Oriente. Urge que Rusia libere la exportación del trigo ucraniano. Los efectos negativos de la pandemia por COVID-19 se suman a los de la guerra. Putin no tiene empacho en cometer un genocidio en Ucrania o en causar una hambruna global para lograr sus fines.

En Estados Unidos y Europa, la inflación alcanza niveles no vistos hace décadas, provocando aumentos en las tasas de interés, amenazando con una recesión. Los efectos económicos de la guerra podrán tener repercusiones político-electorales, lo que podrá mermar el apoyo de Occidente a Ucrania, sobre todo, si la guerra se extiende gracias al apoyo chino a Rusia.

Contra su voluntad, el presidente Joe Biden viajará a Arabia Saudita para intentar lograr un aumento en la oferta de hidrocarburos, a pesar de haber acusado con razón al príncipe saudita de ser un violador de los derechos humanos.

En el Foro Internacional de San Petersburgo, Vladimir Putin hace unos días anunció un nuevo G8 compuesto por Brasil, Rusia, China, India, Irán, Indonesia, Turquía y México, además alabando la estrategia china del BRI.

La globalización económica se vuelve contra Occidente. La guerra en Ucrania puede ser un parteaguas histórico con implicaciones para el orden global, a menos que Occidente aumente significativamente su apoyo a las instituciones multilaterales que creó y al mundo en desarrollo para ganar adeptos, mitigando los efectos de la guerra sobre su población y mostrando una defensa férrea. El tiempo apremia.

POR GERARDO TRASLOSHEROS
UDLAP JENKINS GRADUATE SCHOOL, COMEXI Y PECC MÉXICO
@GTRASLOSHEROS

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