DESDE AFUERA

Nicaragua: El poder, principio y fin

Así, pura y simple, puede definirse la razón por la que Daniel Ortega y su régimen traicionan en Nicaragua lo que alguna vez representaron: una alternativa democrática

OPINIÓN

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José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

Poder.

Así, pura y simple, puede definirse la razón por la que Daniel Ortega y su régimen traicionan en Nicaragua lo que alguna vez representaron: una alternativa democrática.

Es la razón para no sentirse obligado a justificar el arresto de decenas de líderes de oposición, y en especial cinco aspirantes a la presidencia en las elecciones del 7 de noviembre próximo.

Poder.

Es el estar en capacidad de hacer lo que se quiera y sin necesidad de rendir cuentas, o maniobrar y negociar con opositores políticos que, por alguna razón seguramente innoble, están en desacuerdo con las acciones de quienes se encuentran a la cabeza de un gobierno. 

Y es la posibilidad de no perder tiempo en explicar las acciones o las omisiones cometidas para enfrentar una pandemia.

Cierto. Eso de explicar y asumir responsabilidades es algo que alguna vez se demandó del régimen dictatorial anterior, pero no puede aplicarse al gobierno propio, y mucho menos en favor de los opositores.

Es la fuerza que permite imponer las propias convicciones en un país, sin importar si una parte de la población está de acuerdo o no. 

Es la posibilidad de anunciar en 2014, una obra tan espectacular  y costosa como la construcción de un canal interoceánico y olvidarlo en 2019.

Poder.

Es la convicción personal de que "papá lo sabe todo" y no es necesario rendir explicaciones, y por tanto debe anular a sus opositores para asegurar el triunfo de "los buenos", o sea mantenerlos alejados en las elecciones.

¿Para qué confundir a los ciudadanos?

Poder.

Es esa droga que pocos quieren abandonar luego de haberla probado y más, si como es el caso de Ortega, cuando se ha estado al frente del gobierno por más de 12 años seguidos.

La revista social demócrata Nueva Sociedad recuerda en su edición digital que Tomás Borge, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y miembro de su dirección nacional, durante el gobierno que siguió a la Revolución Nicaragüense (1979-1990), afirmaba antes de su muerte en 2012, y tras el retorno del FSLN al poder por la vía electoral seis años antes, que: "Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder (…) me es inconcebible la posibilidad del retorno de la derecha en este país. Yo le decía a Daniel Ortega: 'hombre, podemos pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos es perder el poder'. Digan lo que digan, hagamos lo que tenemos que hacer, el precio más elevado sería perder el poder. Habrá Frente Sandinista hoy, mañana y siempre".

Ese señalamiento lo dice todo: el poder es el motivo último y su preservación la meta principal. Hoy, bajo cualquier óptica, Ortega representa una alternativa autoritaria. Peor aún, es el fin de la ilusión democrática por la que hace casi medio siglo lucharon contra la dictadura de Anastasio Somoza.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

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