¿Seguirá Romero en el paraíso terrenal?

La sociedad y la opinión pública consideran que el hoy exlíder petrolero debería estar en la cárcel por todas las pillerías y fechorías que cometió

¿Seguirá Romero en el paraíso terrenal?
Luis Soto / Agenda Confidencial / Opinión El Heraldo de México

Cuando a principios del 2013 el presidente Enrique Peña Nieto mandó a encarcelar a la profesora Elba Esther Gordillo, a quien vio como una enemiga política muy poderosa, la sociedad y la opinión pública se preguntaban: ¿Quién sigue?  La respuesta siempre fue: Carlos Romero Deschamps.

El negro historial de Romero Deschamps había sobrepasado el límite que puede aguantar el régimen sexenal del “nuevo” PRI, comentaban todos los analistas políticos, incluyendo los bisoños. Los ríos de dinero mal habido han hecho del cacique petrolero una especie de jeque árabe y forman un expediente tanto o más abultado que el que le costó la libertad a su excolega Gordillo.  Sobran las evidencias de los manejos discrecionales de cifras millonarias en el STPRM y del enriquecimiento ilícito de Romero. Lo único que hace falta es la voluntad política del Presidente de la República Enrique Peña Nieto para dar un golpe al escritorio y decir ¡basta! Pronosticaban.

Dentro y fuera del gabinete se decía que mucho dañaba la imagen política de Enrique Peña Nieto la actividad de Romero, y que en nada le serviría al líder su disciplinado acatamiento de la voz del amo —léase Presidente de la República—, porque la Reforma Energética (que estaba en puerta), que incluiría la apertura de Petróleos Mexicanos, no necesitaría de sus “buenos oficios”. Las siete vidas de Carlos Antonio Romero Deschamps se le habían agotado; los días, las semanas, o cuando mucho los meses, están contados para el líder del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana…, pero se equivocaron. 

Romero Deschamps aprendió la lección que dejó el manotazo presidencial contra Elba Esther, y se convirtió en el propagandista número uno de la prometida transformación de Pemex en la Reforma Energética, y sobrevivió todo el sexenio peñista, a pesar de todos los señalamientos de corrupción en su contra. 

Pero llegó Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República con las negras intenciones de llevar a cabo una contrarreforma energética —lo que está haciendo—, y seguramente pensó que ya no necesitaba de los servicios del corrupto líder. Hay quienes afirman que el Presidente le recordó el lúgubre método que aplicaba a sus enemigos políticos el Alazán Tostado Gonzalo N. Santos, cacique del estado de San Luis Potosí en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX: “Encierro, destierro... o entierro”.  Y después lo exhortó a dejar la dirigencia del sindicato petrolero, mediante la jubilación forzosa, retiro equivalente al destierro, que lo arrojará al paraíso terrenal que disfruta desde hace casi tres décadas. 

La sociedad y la opinión pública consideran que el hoy exlíder petrolero debería estar en la cárcel por todas las pillerías y fechorías que cometió. Pero como López Obrador no es vengativo ni rencoroso, dejó en manos de la Fiscalía General de la República la decisión de encarcelar o no al impresentable personaje.

Por LUIS SOTO
LUISAGENDA@HOTMAIL.COM
@LUISSOTOAGENDA

rcb


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