Ay, pobre Estados Unidos, tan lejos de la democracia y tan cerca de dios

El dinero ha colocado a Washington y a los lobistas con un poder brutal

Ay, pobre Estados Unidos, tan lejos de la democracia y tan cerca de dios
Pedro Angel Palou / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

En las últimas horas me embarga un gran desasosiego. No porque me hubiese creído que la democracia estadounidense era un ejemplo y que la nuestra era una basura, sino porque a la luz de lo ocurrido en el segundo juicio político en la historia al mismo presidente, en ambos casos salió exonerado. La razón: el bipartidismo. En un régimen parlamentario el multipartidismo, con sus grandes bemoles, obliga a los partidos a negociar. Para hacer gobierno, para pasar una ley, para convivir incluso. En un régimen presidencial el contrapeso político es fundamental y si hay más de dos partidos es mucho más posible que esto ocurra. Pero si solo dos partidos, el del presidente y la oposición son los que juegan las bazas, entonces el asunto se complica. Al punto de la ignominia. En Estados Unidos además dos asuntos entorpecen más las cosas. El “Colegio Electoral”, algo que definitivamente es más anquilosado que la idea de que el papa es infalible. Es fundamental que se corrija esto y que la gente pueda votar directamente por su presidente. Los demócratas esta vez sí deben ir por todo y abolir el Colegio Electoral y proponer una reforma electoral que asuma la idea del voto popular como la verdadera democracia. El segundo asunto, peor, por bizantino, es el llamado “fillibuster” (filibustero, claro, aunque suene a Sir Francis Drake, el dragón de la cruel Medea, como lo llamó Lope). Este procedimiento obscuro permite que la minoría del senado pueda impedir cambios, y que se haga valer como, eso, minoría. Si somos realistas, esa minoría es muy muy minoritaria hoy día porque en términos reales el Partido Republicano representa a el 30 por ciento de los estadounidenses. ¡A tirar el filibustero!, grito desde aquí sabiendo que mis artículos por supuesto no cambian nada en la política de mi país adoptivo. Pero ni modo. Tengo que decirlo, me veo obligado a pensar que las cosas puedes cambiar.

            El otro gran problema, por supuesto, es el dinero. Algo que ha sido detectado hace tiempo. El dinero ha colocado a Washington y a los lobistas con un poder brutal. Han comprado y corrompido la democracia y han destruido la república. Lo que quedaba de ella antes de que los forajidos enloquecidos de Trump asaltaran el Capitolio, por seguro. En 2011 Lawrence Lessing escribió un libro fundamental que casi pasó desapercibido: Republic Lost Es un texto terrible que indica no solo que Washington estaba rota antes de Trump, sino que necesitaba ayuda para corregir los errores. Desde 2011 Gallup afirmaba que 64% de los votantes no tenían confianza en los miembros del Congreso (el más bajo porcentaje de la historia). ¿Se puede reformar Washington? Esa era la pregunta de Lessing desde la izquierda, pensando que la gente podría hacerlo a través de una campaña de reforma financiera que impidiera el dinero privado en las campañas.

 

            Desde el espectro contario, la derecha, Jack Abramoff, el mismo año, publicaba Capitol Punihsment. Es una autobiografía y una mea culpa, pero revelaba los interiores del sistema. Acepta por supuesto que el dinero es lo que mueve los votos de los senadores y congresistas, que las grandes corporaciones, las asociaciones de rifle, los lobbystas son los que manejan Washington. El problema, claro, es que desde 2011 hasta ahora tuvimos a Donald Trump. Está por verse cómo su familia y sus cercanos, sus asociados y cómplices se beneficiaron del negocio de la política, pero los números arrojarán que fue muy lucrativo. Y penoso para el estadounidense promedio que ahora está más pobre e indefenso que nunca. Está por verse si después del ridículo de los senadores algún estado termina por convertirlo en un hombre tras las rejas. Es cierto que han sido más valientes los oficiales republicanos en estados como Arizona, Georgia, Pensilvania, los que han resistido la presión de Trump y las amenazas de muerte por el bien de la democracia, que los senadores patéticos de esos mismos estados. Es también cierto -y penoso- que en esos estados una derecha radical y no pensante sea quien controle al partido republicano y sea capaz de censurar a cualquiera que haya votado en favor del juicio político o la culpabilidad de su antiguo presidente, quien sigue controlado por el miedo de perder a su base, al partido. Todavía veremos muchos rostros del trumpismo antes de 2022.

POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU

lctl


Compartir