Cooperación y coordinación: Claves para el T-MEC

La Ley de la Industria Eléctrica abre la posibilidad de que Estados Unidos y Canadá busquen represalias

Cooperación y coordinación: Claves para el T-MEC
Claudia Ruiz Massieu/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

La semana pasada, en el marco de la implementación del T-MEC, los intereses comerciales de México tuvieron su primera gran victoria.

Tras varios meses de investigación, la Comisión de Comercio Internacional de EU determinó que las importaciones de arándanos azules provenientes de México no representan un daño ni una amenaza grave para la industria agrícola estadounidense. Con ello, se descartó la posibilidad de imponer aranceles a estos productos, cuyas exportaciones rondan los 300 millones de dólares anuales y dan sustento a más de 60,000 trabajadores y sus familias.

Este logro, si bien discreto, está muy lejos de ser menor: la defensa de un sector agrícola específico implica proteger los intereses del campo mexicano en su conjunto.

Los orígenes de la controversia se remontan a la negociación del tratado, cuando EU planteó establecer medidas proteccionistas a productos estacionales. En ese momento, los equipos negociadores de México y Canadá rechazaron la propuesta, por constituir una violación a las reglas que rigen el comercio internacional.

Sin embargo, el proceso electoral de 2020 revivió las presiones de algunos actores políticos para establecer obstáculos comerciales a los productos mexicanos, en beneficio de los productores asentados en lugares como Georgia y Florida. La administración del expresidente Trump atendió las presiones de los legisladores republicanos en dichos estados y, en septiembre pasado, decidió iniciar una investigación sobre la importación de arándanos azules, de los cuales México es uno de los principales proveedores.

Contrario a este planteamiento, lo cierto es que las exportaciones mexicanas complementan la producción estadounidense y contribuyen a que los consumidores accedan a productos agroalimentarios de calidad durante todo el año. Más que un desafío, el intercambio de berries es un claro ejemplo del nivel de complementariedad que han alcanzado nuestras economías.

Esta victoria para México no habría sido posible sin el trabajo conjunto de todos los actores involucrados: las dependencias del Ejecutivo Federal; la Embajada en EU; el Senado de la República y el sector privado. El resultado, sin duda, sienta un precedente exitoso que debemos replicar en la implementación de todas las disposiciones del acuerdo regional.

Hay que tener claro, no obstante, que se ganó apenas el primer episodio de un proceso mucho más amplio, pues las diferencias en el marco de la implementación T-MEC serán previsiblemente más frecuentes y con mayores alcances.

Se han anunciado ya algunas controversias en materia laboral; y la iniciativa presidencial para reformar la Ley de la Industria Eléctrica abre la posibilidad de que EU y Canadá busquen represalias por las eventuales afectaciones a sus inversiones. Si ya es difícil defender nuestros intereses económicos en condiciones de unidad, debemos ser muy cuidadosos para que nuestros procesos internos no dificulten aún más esa tarea.

En suma, si verdaderamente queremos hacer del T-MEC una palanca de la recuperación económica, la ruta está ya trazada: cooperación, coordinación y colaboración entre sectores. Escuchar a todas las voces interesadas y construir sinergias para un desarrollo competitivo y una integración regional fructífera. El éxito depende de nosotros.

POR CLAUDIA RUIZ MASSIEU
SENADORA POR EL PRI
@RUIZMASSIEU

 

avh


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