Pandemia, más allá del estado: Actores trasnacionales

La emergencia exhibió las insuficiencias de un sistema internacional del siglo XX

Pandemia, más allá del estado: Actores trasnacionales
Claudia Ruiz Massieu/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

En ciencias sociales, a los sucesos históricos que crean condiciones casi de laboratorio y permiten estudiar problemas complejos se les conoce como “experimento natural”. El ejemplo clásico es la península de Corea: dos sociedades inicialmente iguales que súbitamente adoptan instituciones políticas diferentes y llevan a un resultado completamente disímbolo: la democracia liberal, en el Sur, y un estado totalitario, en el Norte.

La pandemia es un ejemplo casi perfecto de experimento natural: un mismo fenómeno afecta de manera generalizada a todos los países, lo cual nos permite evaluar los factores que influyen en el éxito o fracaso de la respuesta que cada gobierno ofrece, y si hay variables externas que condicionan los resultados.

En días pasados, la Unión Europea y AstraZeneca protagonizaron una controversia debido al retraso en la entrega de vacunas contra el coronavirus. El conflicto es muy revelador, pues puso de relieve cómo la estrategia sanitaria de toda una región depende en última instancia de la capacidad de reacción de un actor no estatal: una compañía farmacéutica privada. Claro que esta empresa puede hacerse acreedora de sanciones o presiones, pero el tema de fondo es que los Estados, por sí mismos, se ven rebasados para resolver el problema.

Al mismo tiempo, la pandemia demostró el enorme poder, y la creciente necesidad, de actores transnacionales como Amazon, que posibilitan la entrega de productos en medio del confinamiento. Nuevamente, este tipo de compañías cumple funciones que no podría realizar ningún gobierno, pero que por lo mismo ponen a las sociedades globales a expensas del correcto funcionamiento de entidades que no tienen un asidero en el terreno de lo público.

Algo similar se podría decir de las grandes transnacionales de tecnología y comunicación, como las redes sociales: para millones de personas, en todo el mundo, éstas han sido el vehículo para obtener información (o desinformación) en torno a la pandemia. No hay forma realista –y quizá deseable– de que los Estados sustituyan la labor que ellas cumplen.

En el fondo de todos estos ejemplos hay un denominador común: la pandemia exhibió las insuficiencias de un sistema internacional del siglo XX operando en la realidad del XXI. Un sistema internacional fundado en el paradigma de la preeminencia del Estado–nación (que data de 1648, con el consenso de Westfalia, tras la Guerra de los 30 años en Europa), frente a un mundo en buena medida dominado por actores no estatales, transnacionales, que desafían las barreras tradicionales entre lo público y lo privado.

Desde los años setenta, autores como Samuel Huntington ya habían señalado la creciente influencia de las organizaciones transnacionales en la política global, pero hoy esas advertencias se convierten en una realidad ineludible. El mundo, y México como parte del concierto de naciones, debe asumir que la gobernanza global no es más un asunto exclusivo entre países, sino que incluye a actores no estatales que, si bien cumplen funciones importantes, retan los límites de la soberanía y obligan a repensar la forma como conviven los espacios públicos y privados.

 

POR CLAUDIA RUIZ MASSIEU
SENADORA POR EL PRI
@RUIZMASSIEU

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