COLUMNA INVITADA

El camino de Santiago

Con lo que él sabe, no tiene óbice alguno para vivir muy bien de su profesión. El problema radica en que se convirtió en referente espinoso

OPINIÓN

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Ramón Ojeda Mestre / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

El amor causa a veces problemas muy severos. Lo dejó planteado Shakespeare en Romeo y Julieta y, más o menos en los mismos años, Miguel de Cervantes de Saavedra, que hace, del amor por Dulcinea del Toboso en el Quijote de la Mancha, todo un motor e irradiación de luminosidad, locuras y oscurecimientos del intelecto y el  alma. No diré menos de Dante Alighieri en la Divina Comedia con respecto a Beatrice. Pero sí afirmaré a raja tabla que quien sepa de amores que calle y comprenda. Cuando el amor llega así, llega así de esta manera.

Y por allí empezó a crujir el corazón y la neurona de Santiago Nieto y de su desposada Carla Humphrey. Los dos experimentados abogados y políticos y con trayectorias amorosas suficientes para no desbocarse, pero Omnia vincit amore lo escribió en Las Bucólicas, Virgilio en el verso 69 de la Égloga X, dedicada a Cornelio Galo. Hmmmm. I beg your pardon.

Porque, aun cuando el amor es un ave pasajera, que se anida y entorpece el pensamiento, eso, es exactamente lo que les pasó a estos muchachos (así los veo yo y seguramente también Pablo Gómez). La pasión los aturdió desde el principio, a ambos, y empezaron a cometer errores de primaria. Como los cometemos todos los enamorados, así sean Díaz Ordaz, López Mateos, De la Madrid, Salinas, los Fox (acuérdese de los papelazos de ambos) López Portillo, José Vasconcelos o Felipe Carrillo Puerto, cuyo aniversario fue precisamente el día de la Boda guatemalteca. ¡Pero qué necesidad!, Paquita dixit. En fin, ese es el punto de partida. O no, si vemos un poco antes donde Santiago empezaba a dar muestras de engolosinamiento o de protagonismo que lo llevó a chocar, entre otros, con el super colmilludo Alejandro Gertz Manero, alias Alejandro Magno.

Ya Santiago había colisionado con Videgaray et al en el nefasto sexenio anterior, y caló y cató el reflector del poder y del escándalo, aunque eso lo llevó a la banca durante algún tiempo, los medios de comunicación le detectaron su perfil de divo y les brilló el ojo de la lente cuando AMLO lo puso donde huele a pecado y le siguieron alimentando el ego, las atrabancadas y a emular a Roldán el Temerario.

Sin embargo, cosa curiosa, el Camino de Santiago a la defenestración no lo labró él con su audacia y arrojo, sino la conjunción de sus enemigos, de los malquerientes de su desposada y los de AMLO y la 4T. Las filtraciones partieron de Guatemala, pero llegaron directo al terreno abonado de la mezquindad, la envidia y el encono como explica el filósofo francés Rene Girard en “Shakespeare Los Fuegos de la Envidia”. Sí, Yago volvió a mostrar su envidia por Casio en la obra de Otelo o la envidia del propio Yago por el amor de Desdémona hacia Otelo. Y es que Santiago generó envidias, por su juventud, por su talento, por su éxito, por su amor, por su dinero, por su valentía y por su sino. Generó envidia entre priistas, perredistas, panistas y morenistas de esa envidia que describió Fiodor Mikhailovich Dostoyevski en El Idiota. Demoledora.

Era Santiago Nieto, es, un activo y espadachín importante entre los Cadetes de la Gascuña de la 4T, como lo es y era Julio Scherer Ibarra. No lo sacó del puesto su debilidad por la fiesta ostentosa o el amor o los amigos de todo jaez que convocó, no cometió delito alguno al gastarse su peculio como le viniera en gana, a lo mexicano, en su Guelaguetza privada, en su reventón clasemediero o clase altero o principesco, no, él mostró lo que traía de inercia de cuando la abundancia se administraba o de cuando Moctezuma usaba penachos de quetzal con oro o jade, sino que sus destroyers díscolos le machacaron que los ofendía y afrentaba el que quisiera hacer una fiesta del tamaño de su amor y de su fortuna en un lugar discreto fuera del país.

Tenía que haber hecho su convivio por zoom y desde una fonda en Cuilapan de Guerrero, Oaxaca o desde la de Don Manuel en el kilómetro 112 de la carretera de la Paz a Constitución o en la birriería de Marichuy de Ortega y Matamoros en CSL o, ya en plan grande, en mi predilecta “Pancita Doña Rebe” en la Tacuba de los cedemexinos claudianos.

Pero no, quiso hacerla donde murió su madre, para demostrar que es un sensiblero auténtico, y en un lugar donde fuera difícil a los malandros darle un sofocón. Discúlpeme, pero todos los mexicanos, en los quince años de su hija, en el bautizo, en sus bodas de oro o en la ocasión especial, todos, hasta los más humildes, echan la casa por la ventana en la medida de sus posibilidades crematísticas o pecuniarias.

Así que Santiago y Carla no faltaron a la justificada y necesaria austeridad de las acciones de gobierno y sus exterioridades, actuaron con autenticidad y espontaneidad siguiendo las tradiciones o las inclinaciones de lo que son, clasemedieros venidos a más. Carla es una exalumna del ITAM, que es una escuela cara, es una doctoranda actual de la Universidad Complutense de Madrid, no es una caza fortunas, sino una mujer preparada y trabajadora, aunque sea “de derechas” como decimos los gachupines de a mentiras.

AMLO tiene razón una vez más, fue una boda escandalosa, ¿Y? merecía un regaño o una amonestación fuerte, o una tarjeta amarilla si acaso, pero no una tarjeta roja. Sí yo le contara todo lo que hacen sus colaboradores, gobernadores, secretarios, directores de descentralizados, banqueros y diputados, senadores y ministros. Pero no se trata de eso, la austeridad es muy importante, pero es más importante la lucha contra la corrupción y la impunidad. No somos austeros, somos soflameros, alharaquientos y cuando hacemos la fiesta en Guerrero, en Oaxaca, en Chiapas o en Veracruz o donde sea, nos ponemos nuestras mejores galas, preparamos nuestros mejores moles, sacamos nuestros mejores mezcales o bacanoras, sacrificamos al guajolote más gordo, etc., etc.

Ok, ya recibimos el mensaje de que los funcionarios no deben de hacer fiestas ostentosas porque lastiman al pueblo que no tiene ni para comer, pero de eso, a sacrificar un alfil tan importante en nuestro gobierno como Santiago o como Scherer o como César Yáñez, es cuestión de medir bien si no sale más caro el caldo que las albóndigas. Cómo me dicen mis alumnos en las universidades donde doy clases desde 1965: "¡Ooootra oportunidaddddd!".

P.S. No conozco a Santiago Nieto, jamás lo he visto, ni a su ahora esposa. Es más, me cae mal por no ser de la UNAM. Así que no digan que somos contlapaches. Usted decide.

POR RAMÓN OJEDA MESTRE
COLABORADOR
ROJEDAMESTRE@YAHOO.COM

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