Retrato de grupo con COVID

Los antecedentes de este contagio, y el contexto, y sobre todo las perspectivas que se abren ante todos, obligan a darle una buena pensada

Retrato de grupo con COVID
Julio Patán / Malos modos / Opinión El Heraldo de México

El Presidente, sí, se contagió de COVID-19. ¿Debemos festejarlo? Por supuesto que no. Al contrario: por todo tipo de razones, desde la decencia más elemental, hasta consideraciones sobre el bien común, tenemos que desearle una recuperación rápida y plena, como ha hecho —decir lo contrario es una mentira burda— la totalidad de la oposición, lo mismo la mediática, que la de los partidos, que la empresarial, que la de la sociedad civil.

Quitado el tema de la mesa, preguntémonos: ¿qué implica el contagio del Presidente? ¿A qué responde? ¿Cómo entenderlo? Porque los antecedentes de este contagio, y el contexto, y sobre todo las perspectivas que se abren ante todos, obligan a darle una buena pensada. 

En los últimos días pasaron otras dos cosas. 

La primera es que apareció un libro que usa a Hugo López-Gatell como trapeador. Lo merece: no hay manera de calificar su gestión de la pandemia como algo diferente a una catástrofe, y así lo hace ver Un daño irreparable, de Laurie Anne Ximenez-Fyvie (Planeta). 

Ahí está todo, clarito: subestimó al virus cuando ya sabíamos por la experiencia de Asia y Europa que era terriblemente agresivo; usó el modelo centinela con datos escasos, pa’ no gastar, y distorsionados; negó la utilidad del cubrebocas, y se niega aún a hacer pruebas masivamente para aislar los casos de contagio. O sea, está la negativa prolongada —por politiquería, por arrogancia, por incompetencia— a hacer lo que los países que han logrado frenar la pandemia. 

Porque esos países, por lo demás muy diferentes, existen. Unos son enormes y muy ricos, como China (cuatro mil 636 muertes); otros, ricos, poblados y democráticos, caso de Japón (cinco mil 193); otros, pobres, poblados y autoritarios, como Vietnam (35); otros, pequeños, como Taiwán y Nueva Zelanda (siete y 25).

Lo otro que pasó es que se hizo patente que el plan de vacunación es un cuento. Porque no hay plan. Porque sí hay, en cambio, politiquería y corrupción; ahí están los funcionarios que se colaron, y la obscenidad de vacunar a los servidores de la Nación. Y porque no sabemos si habrá vacunas suficientes y adecuadas: el Presidente mintió con las de Pfizer, Hugo López-Gatell salió por patas a pedirle la Sputnik V a los rusos, ya nos dijeron que la de Moderna no (sale cara). Etcétera.

En resumen, pasaron dos cosas que retratan a los responsables de salvarnos del virus. ¿Cuáles responsables? Hombre, sí: a López-Gatell y compañía. Pero, sobre todo, retratan a su jefe, el Presidente, que en este año no sólo los ha sostenido en el cargo entre piropos, sino que ha vivido entre tours con mordiscos, mañaneras sin mascarilla y aseveraciones inconcebibles de que ya vamos de salida. 

Porque el Presidente es, sí, víctima de sí mismo: una entre 200 y pico mil.

Retratados, ya les digo. De hecho, así podríamos ponerle a la obra: “Retrato de grupo con COVID”.

 

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 
@JULIOPATAN09


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