Pocas vacunas y mal distribuidas

México tuvo tiempo suficiente para preparar una campaña de vacunación eficiente, y terminamos en el peor de los mundos

Pocas vacunas y mal distribuidas
Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Editorial / Opinión El Heraldo de México

Llena de contradicciones, abusos y opacidad, la estrategia de vacunación contra el SARS-CoV-2 pasará a la historia como uno de los fracasos más trágicos del sexenio. De entrada, a un mes de anunciar la Política Nacional de Vacunación, y apenas comenzando el 2021, renunció Miriam Esther Veras, la encargada de la estrategia nacional. Esto dejó, hasta la fecha, sin un liderazgo interno que defina objetivos claros y coordine a las múltiples instancias involucradas en este complejo proceso. Las consecuencias hablan por sí mismas: hasta ahora, sólo se ha logrado vacunar a menos del 0.5% de la población.

De acuerdo al plan, el personal médico y de enfermería que está en primera línea es prioritario. Sin embargo, las vacunas han sido insuficientes y las pocas disponibles se han distribuido mal: hay hospitales sin enfermos por COVID que han recibido varias dosis, mientras que existen hospitales COVID que no han recibido una sola. Además, se ha relegado injustamente al personal de instituciones de salud privadas, que también están en primera línea –y muchas veces ayudando ante la saturación de los centros públicos.

Más aún, recientemente, y sin ninguna justificación científica, el gobierno decidió desviar vacunas para los maestros de Campeche. La decisión no tiene ninguna lógica: se trata de un estado que está en semáforo verde y de un sector poblacional de menor riesgo; además, tampoco servirá para que se reanuden las clases, pues ello requeriría vacunar en simultáneo a todos los alumnos y padres de familia.

Se anunció también que se daría prioridad a adultos mayores de las zonas rurales apartadas. Y aunque esto pudiera parecer noble, la realidad es que los adultos mayores más amenazados por el virus viven en los centros urbanos, donde por la densidad poblacional hay muchos más contagios, y por ende, a donde deben orientarse en un primer momento los recursos.

Peor aún, la estrategia de vacunación se está usando con fines político–electorales. Las brigadas están integradas en gran medida por los llamados “servidores de la nación”, que no son más que el equipo de campaña de Morena, quienes están siendo vacunados de forma prioritaria. A esto deben sumarse los crecientes casos de abuso, en los que funcionarios y políticos del partido oficial usan sus influencias para ponerse la vacuna.

Ahora el gobierno ha anunciado la intención de comprar millones de dosis de la vacuna Sputnik V. Y si esto es en principio una buena noticia, cabe destacar que dicha vacuna no ha publicado sus resultados en fase 3, despertando el escepticismo entre diversos especialistas. No se puede descartar de antemano su efectividad, pero sí valdría la pena contar con información científica precisa antes de su uso en México.

Finalmente, el presidente anunció que permitirá que los gobiernos locales y el sector privado compren y distribuyan vacunas. Esta decisión llega tarde, pues por la alta demanda global, la lista de espera para adquirirlas es muy larga. Más bien, parecería un recurso de última hora, una forma de diluir la responsabilidad propia y pretender atribuirla a otros. Lo cierto es que México tuvo tiempo suficiente para preparar una campaña de vacunación eficiente, y terminamos en el peor de los mundos: muchos contagios, pocas vacunas y mal distribuidas.

 

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE
DIPUTADO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO
(@GUILLERMOLERDO)


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