La importancia de un discurso

El de hoy puede ser uno de esos que quedan para la historia. No sólo en beneficio de Biden sino de EU

La importancia de un discurso
José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

Washington. Para Joe Biden puede ser el discurso más importante de su vida. 

Para Estados Unidos, tal vez uno de los más importantes de su historia.

El mensaje inaugural de Biden, este miércoles, será una señal de lo que viene, mucho en lo que refiere a tratar de tender puentes en un país tan profundamente dividido como este.

Una nación que algunos ven cerca de la violencia política, donde millones de estadounidenses se ven con odio.

El discurso de hoy, pues, puede ser uno de esos que quedan para la historia. Y ojalá lo sea, no sólo en beneficio de Biden sino de la paz en Estados Unidos.

El momento lo amerita, y más aún porque a diferencia de su predecesor, Donald Trump, Biden ha dicho que tratará de gobernar para todos los estadounidenses, no sólo para aquellos que le eligieron.

Es un mensaje que puede ser tan importante como aquel que dio Lincoln, tras la batalla de Gettysburg; o el que pronunció Franklyn D. Roosevelt, al asumir la Presidencia, e 1933, en plena Gran Depresión y en el que exhortó a los estadounidenses a enfrentar el problema porque "la única cosa que debemos temer es el miedo mismo"; o el discurso del propio Roosevelt al día siguiente del bombardeo de Pearl Harbor por los japoneses en 1942, "una fecha que perdurará en la infamia", o el pronunciamiento de John Kennedy en su toma de posesión, el 20 de enero de 1959, cuando demandó "no pregunten qué puede hacer su país por ustedes sino pregunten qué pueden hacer ustedes por su país".

Y más allá de sus posibles virtudes retóricas, el discurso y su contenido definirán sin duda la Presidencia de Biden, quien enfrenta desafíos sin precedentes en un siglo, o más.

Biden ofrecerá una visión de unidad y tolerancia a una nación dividida casi exactamente por la mitad, y en la que dos tercios de los republicanos lo considera fruto de una elección ilegítima, sin más argumentos reales que los ofrecidos por su predecesor sobre la base de una polarización política creciente en las últimas décadas.

En cierta medida lo que está en juego es el futuro de Estados Unidos. Pero también de la historia mundial. Biden tratará de reconstruir la diplomacia y la política estadounidenses, con una visión en la que afirma que en lo interno desea incluir a todos, con la participación de minorías étnicas, sexuales y religiosas, pero también con la de incorporar a sectores blancos que se sienten rebasados por los cambios sociales y económicos en el país, y en lo externo restablecer lo desecho por Trump, incluso alianzas militares y políticas tradicionales, mientras libra una nueva versión de la Guerra Fría.

Al margen de sus buenas intenciones y sus posibles logros, el problema de Biden es que a sus 78 años de edad se espera que sea un mandatario de sólo un periodo, y porque una minoría importante de los estadounidenses parecieron más segura de querer rechazarlo que de darle una oportunidad.

Pero superar esa situación puede empezar con un discurso.

 

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@CARRENOJOSE1


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