Cienfuegos Chivo Expiatorio

No defiendo a Cienfuegos, pero tengo el deber moral como jurista, como ciudadano, como maestro definitivo de derecho por la UNAM y como hombre medianamente libre, de creer profundamente que es inocente hasta que salga la sentencia del juez

Cienfuegos Chivo Expiatorio
Ramón Ojeda Mestre/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

De nada ha servido que se establezca en nuestra constitución o en las leyes de México y USA, que todos somos inocentes hasta que un juez sentencie de manera inapelable que somos culpables de algo. La presunción de inocencia está en el derecho positivo, y en el derecho vigente, pero no en la vida real, como dice el maestro Sergio Salgado en BCS y menos el principio de in dubio pro reo de Justiniano que nos explicaran los maestros inolvidables Sabino Ventura Silva y Joaquín Beltrán Quibrera en sus textos y clases de derecho romano al igual que Petit o Floris Margadant, por más que estén implícitos o explícitos en los artículos 14, 16, 19, 21 y 102 de la Carta Magna. 

La realidad es que somos dados a creer que si alguien es detenido es porque es culpable, que "si el río suena es que agua lleva", que "luego luego se ve que tiene cara de maloso" o de que "¿tú crees que los gringos se van a equivocar?"

“Obligatioest iuris vinculum, quo necessitateadstringimuralicuiussolvendaereisecundumnostraecivitatisiura”. Es decir, la obligación es un vinculo jurídico que nos constriñe en la necesidad de pagar alguna cosa conforme a las leyes de nuestra ciudad. No, nosotros ya condenamos a Cienfuegos, pase lo que pase y resulte lo que resulte y, desde luego, antes de que venga lo que viene. Primero mata y después virigua. No estamos aplicando en nuestra mente las leyes de México, sino las de USA, sin conocerlas, no nos damos cuenta, o quizá si, que, con Cienfuegos, nos detuvieron a todos los mexicanos en ese jueves fatídico.

Le habían dictado orden de aprehensión desde el 14 de agosto del año pasado, es decir, hace más de un año andaban tras él y la embajadora Martha Bárcenas engañó al presidente AMLO diciéndole, hasta hace un par de semanas, que se sabía que lo andaban investigando pero que "No había nada oficial". Es decir, engañó al Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón o le ocultó información o ambos desinformaron al presidente de la República, o ambos fueron "chamaqueados" por las agencias diplomáticas o de seguridad de los Estados Unidos de América puesto que no les tuvieron la confianza para decirles que la cosa iba en serio contra el ex secretario de Peña Nieto. Tampoco nos tuvieron confianza a los mexicanos y al Canciller Ebrard o al Fiscal general Gertz Manero para decirles que les iban a enviar una solicitud de extradición flamígera y que solicitaban se cumpliera a la de ya. No, mejor lo anduvieron siguiendo y espiando durante un año para que, como en el corrido de Simón Blanco, se dijeran los Martínez; "Cayó en las redes el león", donde llevaba a sus nietas a Los Ángeles y a Disneylandia a pedir Halloween o vaya usted a saber a qué iba el abuelito Salvador.

Los asistentes del Procurador ya lo traían monitoreado desde antes de ese "indictment" (acusación), por eso es que la firmaron Michael P. Robotti , Craig R. Heeren, Ryan C. Harris, los asistentes del Procurador (Assistants U.S. Attorney) de la Sección Internacional de Narcóticos y Lavado de Activos del Distrito Este y la Sección de Integridad Pública. Los fiscales federales adjuntos Michael P. Robotti, Ryan Harris que están a cargo de la acusación, son los mismos de la acusación a Genaro García Luna. Más claro ni el agua.

No defiendo a Cienfuegos, pero tengo el deber moral como jurista, como ciudadano, como maestro definitivo de derecho por la UNAM y como hombre medianamente libre, de creer profundamente que es inocente hasta que salga la sentencia del juez y vea yo que la cancillería y el Ejército mexicano aportan todo para la defensa de que este hombre en desgracia no sea declarado culpable. Tengo pavor de que sólo lo hayan detenido por ser valedor del frivolillo Peña Nieto o sólo por ser soldado (en el activo, por cierto, pues los exsecretarios, por no sé que artes, siguen estando en el activo y son asesores del alto mando) o sólo para que exhale la Maruchán como dirían Sigifredo y Julio mis abogados defensores de las malas mujeres, o, peor aún, para apanicar a Crescencio, a Gertz, a Durazo o a ya saben quién.

Ahora, suponiendo sin conceder, como decía mi novia, que sí sea culpable de lo que se le imputa y que ese "acuérdate de Acapulco" que le lanzaron como un espantoso screwball retroactivo sea mortal y le logren probar todo lo que le achacan, me pregunto: Oye yo: ¿Por qué lo dejaron llegar a Secretario de la Defensa del indefendible Peña Nieto? o, ya encarrerado el ratón, si sabían que seguía pecando de tracto sucesivo entre el 2015 y 2017 ¿por que nadie le avisó al canciller Videgaray que Salvador andaba en muy malos pasos  o en muy buenos pesos? o ¿hasta dónde llegan las redes del estropicio o del latrocinio de Cienfuegos o hasta quiénes?  Habiendo cien mil abogados en Estados Unidos de América, ¿por qué escogió a los mismos abogados de García Luna o de Duarte? Aborrezco a quiénes hacen leña del árbol caído. Usted que es más joven y sagaz que yo bella mujer paisana, o usted jarocho parlanchín y abotagado, díganme de una vez por todas de qué lado masca la iguana y, sobre todo, de qué color pinta el verde, militar.

POR RAMÓN OJEDA MESTRE
PRESIDENTE DEL CENTRO DE ESTUDIOS INTEGRALES DE INNOVACIÓN Y EL TERRITORIO, S.C.
rojedamestre@yahoo.com
 


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