Antonieta Rivas Mercado

Su edad caminaba a la par del siglo: joven, culta, adelantada a su época; a pesar de su corta vida, dejó un legado que ha trascendido los tiempos

Antonieta Rivas Mercado
ANTONIETA RIVAS MERCADO. 1921. Imagen extraída de La casa Rivas Mercado: una historia detrás de la historia, Editorial Ink, 2020.

Donald colocó en su escritorio una fotografía de su madre. En ella, Antonieta aparece en la galería de la entrada. Se alcanza a ver un jarrón de hierro colado sobre una columna. Espigada y fina, lleva un vestido de talle imperio. Su mirada parece dirigida hacia el interior de la casa. Tiene los brazos entrelazados y delicadamente posa una mano sobre el antebrazo. En el dedo medio lleva un anillo.

ANTONIETA RIVAS MERCADO. 1918. Imagen extraída de La casa Rivas Mercado: una historia detrás de la historia, Editorial Ink, 2020.

Poco tiempo después, Marylin Goeters Rivas Mercado, hija de Amelia, visitó a su primo en su despacho.

–Mira, te traje un regalo, ábrelo.
Donald abrió la pequeña caja. Le sorprendió encontrar un anillo de brillantes en forma hexagonal.
–Ve la fotografía que tienes en tu escritorio.
Se le anegaron los ojos de lágrimas.
–Mi mamá me regaló este anillo, lo atesoró con mucho amor porque perteneció a su hermana, tu madre. Creo que ahora debes tenerlo tú.
Se abrazaron. Era el frágil recuerdo de una tierna caricia.

Ana Lilia Cepeda, La casa Rivas Mercado. Una historia detrás de la historia, 2020.

Antonieta tuvo una muerte trágica. Una mañana gris de un frío invernal, el 11 de febrero de 1931, tomó la determinación de suicidarse. Su edad caminaba a la par con la del siglo. Joven, culta, adelantada a su época, a pesar de su corta vida, dejó un legado que ha trascendido los tiempos.

ANTONIO RIVAS MERCADO E HIJOS. Ca 1915. Imagen extraída de La casa Rivas Mercado: una historia detrás de la historia, Editorial Ink, 2020.

Su infancia transcurrió en el seno de una familia porfirista. Hija del reconocido arquitecto Antonio Rivas Mercado, creador de la Columna de la Independencia, tuvo acceso a una amplia cultura. Su padre fue un hombre liberal, quien procuró dotar a sus hijos de una buena educación. De los cuatro hermanos, Antonieta destacó desde pequeña por su avidez en los estudios. Llegó a dominar cinco idiomas, lo cual le permitió acercarse a los grandes autores contemporáneos. Siempre se mantuvo a la vanguardia.

Se casó a los 18 años con Albert Blair, un inglés que llegó al país invitado por sus amigos mexicanos, los hermanos Madero, con los que había coincidido en el Michigan College of Mines. La joven hizo a un lado los convencionalismos de la época y se divorció, dejando atrás un matrimonio que asfixiaba su interés por el conocimiento y la cultura.

Antonieta decidió caminar por sus propios fueros y escribir su propia historia. La vida le cobraría caro el atrevimiento. Fuerte en sus convicciones, frágil en su estabilidad emocional. La fructífera y fascinante vida de Antonieta fue de claroscuros. Se unió con vehemencia a la campaña presidencial de Vasconcelos bajo la promesa de que éste otorgaría el voto a las mujeres. Apostó su fortuna al proyecto. Ante el fraude electoral y la persecución de vasconcelistas, lo siguió hasta el exilio.

JOSÉ VASCONCELOS CON ANTONIETA RIVAS MERCADO. 1929. Imagen extraída de La casa Rivas Mercado: una historia detrás de la historia, Editorial Ink, 2020.

No claudicó en sus ideales, pero la acumulación de pérdidas la sumergió en una depresión que no pudo superar. El amor imposible que había depositado en Vasconcelos, su complicado e inusual divorcio, el mal manejo de la herencia paterna y la derrota en la lucha por la custodia de su hijo Donald acabaron con el ánimo de la joven que apoyó el derecho al voto de las mujeres, la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional, el Teatro de Ulises (predecesor del teatro moderno en México) y la publicación de varias obras de los Contemporáneos, las cuales, sin su mecenazgo, no habrían visto la luz.

Antonieta Rivas Mercado fue sepultada en el cementerio Thiais, a las afueras de París. Cinco años después del triste acontecimiento, en 1936, el cuerpo, al no ser reclamado por la familia, fue exhumado y trasladado a la fosa común. Pese a ello, su genio ha dejado una huella indeleble en el arte y la cultura nacionales. Hoy recordamos a una mujer que supo vencer las barreras sociales y de género, enriqueció la vida cultural de México y se ganó por sí misma un lugar en la historia.

Por Ana Lilia Cepeda

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