Ruinas del Futuro

¿Un balazo lento?

La incertidumbre provocada por las amenazas de Trump (incluso si no las cumple) es veneno para la economía

¿Un balazo lento?
Carlos Bravo Regidor / Ruinas del Futuro / Opinión El Heraldo de México Foto: El Heraldo de México

Otra vez, la Casa Blanca anuncia mañana una nueva tanda de aranceles. Al momento de redactar este apunte desconozco su contenido. Con todo, independientemente de los pormenores -incluso si México lograra “evitar o “rescatar” algo, como en las ocasiones anteriores-, el efecto acumulado de la disrupción que representa la presidencia de Trump ya comienza a ser evidente.

Que nuestro país siga apostando por conseguir cortesías o excepciones mensuales por parte de su principal socio comercial da para respirar momentáneamente, para distraer la atención de otros temas, para que la presidenta se cuelgue medallas e incluso se gane la admiración de una progresía internacional tan ávida de buenas noticias frente a Trump como indiferente e ignorante de la realidad cotidiana en el país de Sheinbaum. No da, sin embargo, para generar confianza respecto la economía mexicana. La incertidumbre provocada por las amenazas de Trump (insisto, al margen de que las cumpla o no), el hecho de que para efectos prácticos esté poniendo en entredicho la vigencia del TMEC cada 30 días, supone una onerosa pérdida de claridad sobre cuáles son las reglas del juego para el intercambio comercial entre ambos países. Es veneno, pues, para la actividad, la inversión y el crecimiento económicos.

Todavía hay quienes albergan la esperanza de que Trump “no se va a dar un balazo en el pie” con el tema de los aranceles a México. Porque el impacto en la economía estadounidense, el costo para su sector importador y para los grupos más vulnerables a la inflación dentro de su propio electorado serían altos, además de que podrían afectarle políticamente a su partido de cara a la elección intermedia de 2026, poniendo en riesgo la posibilidad de mantener su frágil mayoría en el Congreso. Son argumentos razonables, sin duda. La complicación es que la propia metáfora del balazo quizá impide entender la naturaleza del problema.

Trump puede seguir jugando, mes con mes, a amedrentarnos. Y Sheinbaum puede seguir, mes con mes, tratando de salir al paso. Suponiendo que el presidente estadounidense nunca “disparara”, ¿es dable suponer que la prolongación de ese juego no va a producir, en sí misma, ningún daño?, ¿que la desestabilización de expectativas que provoca es inofensiva? ¿De veras, mientras Trump no jale el gatillo no hay bronca?

Es cierto que a fuerza de amenazar y no cumplir la palabra de Trump se puede ir devaluando. Que el factor sorpresa se desgaste; que el miedo inicial mute en mero cálculo de probabilidad a la baja. Poco a poco se puede ir imponiendo la lógica de que el inquilino de la Casa Blanca es un “perro que ladra, no muerde”. Pero también es cierto que el suyo puede ser un caso tipo “Pedro y el lobo”. Sea cual sea, el punto es estar sometidos permanentemente a esa tensión tiene consecuencias. Tal vez no súbitas y devastadoras como los de un balazo normal, pero de todos modos muy nocivas. Es como un balazo lento -digamos que lastima más por lo insistente del roce que por la fuerza del impacto-, pero cuyo daño también duele. De hecho, ya está doliendo.

POR CARLOS BRAVO REGIDOR

COLABORADOR

@carlosbravoreg

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