Apuntes De Guerra

Hasta la cocina

La presidenta Claudia Sheinbaum entró con toda la fuerza al tema que publicó el New York Times sobre producir fentanilo en un laboratorio casero

Hasta la cocina
Gabriel Guerra / Apuntes de Guerra / Opinión El Heraldo de México Foto: El Heraldo de México

El reportaje en el New York Times acerca de cómo funcionan los laboratorios de fentanilo en Sinaloa pudo haber pasado casi desapercibido, como suele suceder con las notas que se publican en interiores entre la Navidad y el Año Nuevo. Colocado en un espacio poco llamativo, no había encontrado mayor resonancia hasta que —como suele suceder— se la dimos en México. 

No bastaron los airados desmentidos desde el gobierno federal, no. La misma presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, entró con toda fuerza al tema. El objetivo gubernamental era claro: demostrar la imposibilidad de que un laboratorio tan casero y rústico pudiera fabricar una droga tan letal y políticamente tóxica. 

La discusión se tornó barroca —por no decir absurda— con algunos argumentando que el fentanilo se puede producir solo en instalaciones altamente sofisticadas y con medidas de seguridad de primer mundo, y otros diciendo que es tan fácil de hacer las quesadillas de queso. (Exagero, pero no mucho, solo para ilustrar lo surrealista de la discusión). Lo cierto es que hay UN elemento que me parece absolutamente inverosímil en el reportaje: las cervezas que aparecen en las fotografías del presunto laboratorio son Coronas, un acto de alta traición en Sinaloa, donde se consume Pacífico. 

Pero yo qué sé de lo que beben los que trabajan en los laboratorios clandestinos, tal vez los gases tóxicos afectan su sentido del sabor.

La inminente llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su amenaza de declarar a grupos criminales mexicanos como Organizaciones Terroristas Extranjeras ha generado enorme preocupación y debate en México, con un sector relativamente pequeño, pero vociferante, que vería con buenos ojos una intervención militar estadounidense y una mayoría que se opone rotundamente a la misma, ya por razones de soberanía y derecho internacional o por simple sentido común.

Yo repruebo y condeno los intentos intervencionistas de algunos políticos estadounidenses y de quienes se creen sus compañeros de viaje aquí en México, pero no comparto la idea de que el reportaje de marras sea parte de ese maligno y estúpido plan. En primer lugar, porque pocos medios están más lejanos a la agenda de Donald Trump que el New York Times, y en segundo porque la denominación de Organizaciones Terroristas Extranjeras, en caso de darse, no autoriza acciones militares. Y bueno, no está de más recordarle a quienes anhelan intervenciones extranjeras que Estados Unidos no tuvo éxito ni en Libia ni en Siria ni en Afganistán ni con Hamas ni con Hezbollah, por solo mencionar sus más obvios fracasos.

A muy mal árbol se arriman los que sueñan con nuevos Maximilianos.

Ídolos de barro 

Mal empieza la semana al que ahorcan en lunes, y peor aún si antes de eso ha sido motivo de escarnio constante. Es el caso de Justin Trudeau, quien acaba de anunciar que renuncia al liderazgo del Partido Liberal y al cargo de Primer Ministro de Canadá, después de haber sido objeto de burlas constantes de Donald Trump desde que viajó apresuradamente a tratar de apaciguarlo en Mar a Lago. Con niveles de aprobación rondando los veintes por ciento, Trudeau ya era un lastre para su partido de cara a las próximas elecciones parlamentarias.

Con su partida, la revisión del T-MEC podría ser un poco menos accidentada, dado el obvio desdén que Donald Trump sentía por el canadiense. 

Veremos.

POR GABRIEL GUERRA CASTELLANOS 

GGUERRA@GCYA.NET   

@GABRIELGUERRAC

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