COLUMNA INVITADA

Crisis del turismo de masas

México es un país orgulloso de su turismo, de eso no hay duda, pero rara vez

OPINIÓN

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Ignacio Anaya / Colaborador / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

México es un país orgulloso de su turismo, de eso no hay duda, pero rara vez se cuestionan los límites de este fenómeno global. El turismo de masas se ha convertido en una fuerza que, si no se controla, puede impactar profundamente la dinámica de muchas ciudades alrededor del mundo. En México, la expansión del turismo más allá de las áreas tradicionalmente visitadas está generando un intenso debate sobre la gentrificación y la visión exótica de ciertas zonas no turísticas.

Un caso popular entre aquellos turistas no satisfechos con las zonas tradicionales son los tours en "zonas inexploradas", como usar el Cablebús en Iztapalapa. Este medio de transporte público no fue diseñado con el fin de ser un atractivo turístico, sino para brindar mayores oportunidades de transporte a la población de dicha alcaldía. No obstante, en redes sociales, varias cuentas de extranjeros presumen sus recorridos en estos lugares, invitando a más personas a realizarlos.

Así pues, surge la necesidad de cuestionar cómo se está gestionando el turismo y cuáles son las verdaderas intenciones detrás de estas propuestas. ¿Se está priorizando el bienestar de las comunidades locales o simplemente se está buscando capitalizar el atractivo turístico de cualquier zona, sin importar las consecuencias?

Este fenómeno no es exclusivo de la Ciudad de México. A nivel global, la inmediatez y la difusión de información a través de las redes sociales han fomentado un turismo prácticamente instantáneo. Ejemplos de ello son Fujikawaguchiko en Japón, donde la viralización de una fotografía del monte Fuji llevó a la instalación de barreras para controlar la afluencia de turistas. En Kioto, se han cerrado callejuelas para proteger a las geishas de comportamientos irrespetuosos.

En la Ciudad de México, el turismo ha traspasado las fronteras de las zonas tradicionalmente turísticas, invadiendo colonias y barrios que antes no recibían tal afluencia de visitantes. Esta expansión plantea preguntas sobre la autenticidad de las experiencias ofrecidas y el impacto en las comunidades locales. ¿Hasta qué punto estas iniciativas turísticas benefician a los residentes? ¿Se está perdiendo la esencia y la autenticidad de los lugares en el afán de satisfacer las demandas del turismo masivo?

En algunas zonas, ya se escucha el término "contaminación turística". La saturación del transporte, el aumento de la suciedad en las áreas céntricas y el incremento de los precios en la restauración y el sector inmobiliario son algunas de las principales quejas de los residentes. Las autoridades se ven obligadas a equilibrar el descontento popular con los intereses económicos del sector turístico, una tarea que se vuelve cada vez más complicada.

POR IGNACIO ANAYA

COLABORADOR

@Ignaciominj

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