MEXICANOS PRIMERO

¿Y qué pasa con la formación inicial de los maestros?

Hasta ahora sólo existen buenas intenciones plasmadas en el papel y todavía falta un gran trecho para ver resultados

OPINIÓN

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Fernando Ruiz / Mexicanos Primero / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

La transformación de las escuelas normales sigue siendo un pendiente en esta administración. Desde los años 80, prácticamente todas las administraciones federales han buscado este objetivo, pero el tiempo no ha sido suficiente para consolidar y alcanzar resultados. Esta administración tampoco ha sido la excepción.

En la campaña electoral de 2018 el presidente Andrés Manuel López Obrador ofreció dentro de sus 10 compromisos educativos el fortalecimiento de las escuelas normales. Con ese objetivo se llevó a cabo una reforma constitucional y de la Ley General de Educación que explícitamente busca fortalecer las normales y planteó el diseño de una política de largo plazo denominada Estrategia Nacional de Mejora de las Escuelas Normales.

Esta fue publicada a fines de 2019 y en ella quedó establecido la necesidad de cambiar el perfil de egreso de los normalistas, fortalecer la planeación, buscar el desarrollo profesional de los formadores de docentes, avanzar en la autonomía de gestión de estas escuelas e impulsar una nueva reforma curricular.

En 2021 fue publicada la Ley General de Educación Superior que contempló un apartado sobre educación normal que articula a todas las instituciones públicas de formación docente. A fines de 2022 fueron promulgados los nuevos planes y programas de estudio de las licenciaturas impartidas por las normales y justo un año después, se promulgó un nuevo plan de estudios para preescolar, primaria y secundaria, y en 2023 una nueva generación de libros de texto gratuitos.

Estamos ante una cascada de cambios con los que nuevamente prometen, ahora sí, la transformación educativa. No somos pesimistas, pero la forma como fueron conducidos dichos procesos, así como su resultado final, plantean enormes retos y riesgos en su implementación.

No es fácil lograr cambios con el nivel de profundidad requeridos. Desde Mexicanos Primero (2016) hemos señalado que la formación docente que siguen viviendo los maestros mexicanos en las normales es inadecuada en por lo menos cinco sentidos: está desenfocada del aprendizaje, es impertinente y aisladora, es vertical y simuladora, genérica y sin proyecto e individualista.

Hasta ahora solo existen buenas intenciones plasmadas en el papel y todavía falta un gran trecho para ver resultados. Un buen resultado solo podrá lograrse con el compromiso de todos. Un indicador que nos permite conocer el nivel de prioridad que el gobierno le otorga a la formación inicial de maestros es el financiamiento educativo.

Aunque entre 2019 y 2020 el presupuesto tuvo un crecimiento real de 91% al pasar de 433 a 831 millones de pesos, hubo un recorte severo en 2021 y 2022 con una caída de 67% y 372% respectivamente. Si comparamos el gasto promedio de las últimas cuatro administraciones federales, el gasto actual es la mitad de lo ejercido en la administración pasada, un tercio de la de 2007-2012 y un cuarto de la de 2001-2006.

El propósito último de la transformación de las normales es proteger, respetar y fomentar el derecho a una educación de calidad. Las escuelas son el principal mecanismo para proveer la educación formal y los profesores los agentes sociales designados específicamente para promover el derecho de las niñas, niños y jóvenes a aprender. Como profesionales del aprendizaje, las y los maestros tienen una doble responsabilidad: fomentar y cuidar el aprendizaje de sus alumnos, así como el aprendizaje propio y el de sus colegas.

No sólo debe tomarse en consideración el derecho de los niños sino también el derecho de las y los maestros a aprender y de la obligación del Estado de garantizar este derecho. La formación docente que comprende tanto la formación inicial como la continua, debe ser el principal mecanismo para promover el derecho de las y los profesores a aprender.

Como país, necesitamos continuar apoyando tanto la formación inicial como la formación continua de las y los maestros, pero lo más importante es que las comunidades normalistas aspiren a ser profesionales del aprendizaje. Lograr ese cambio implica no solo defender el derecho de niñas y niños a prender sino también el derecho de sus docentes.

POR FERNANDO RUIZ RUIZ

Investigador de Mexicanos Primero

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