COLUMNA INVITADA

Cocinar la educación sin ingredientes

Los maestros solo tendrán calidad de “facilitadores” que fomenten la creatividad y la auto-preparación

OPINIÓN

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Georgina Trujillo / Colaboradora / Opinión El Heraldo de México

Han pasado poco más de tres años en este sexenio, pero el ambiente político es más propio de un quinto año de gobierno. La figura de aquel candidato que hoy es Presidente y aquella expectativa que despertó en más de 30 millones de mexicanos, hoy es un pálido recuerdo que miramos desde el otro lado de la brecha que divide las promesas y los actos.

El diálogo nacional últimamente se centra en las reformas fallidas que el Presidente ya sabía que no prosperarían, pero que le sirven hoy para subir su apuesta por la polarización y la intolerancia. No le quedan más proyectos. Para él y sus funcionarios, la pantomima y la improvisación son el camino. Tal improvisación se ha reflejado en casi cada aspecto del ámbito público, el Sector Educativo no es la excepción.

La autollamada “Nueva Escuela Mexicana” publicó hace unas semanas el proyecto con el que pretende “transformar” la calidad de educación que reciben millones de alumnos de nivel básico.

Lo que más llamó la atención entre círculos de especialistas fue la eliminación de los grados escolares tal y como los conocemos. Los grupos no se dividirán por seis grados de primaria ni por edades. Ahora se llamarán “niveles de aprendizaje”, se dividirán en seis de diferente duración cada uno y abarcan hasta lo que hoy conocemos como secundaria.

Se busca eliminar la evaluación tanto a alumnos como maestros por medio de pruebas o exámenes, ahora se pretende que se permita a los los estudiantes “aprender a su propio ritmo”. Los maestros solo tendrán calidad de “facilitadores” que fomenten la creatividad y la autopreparación. También se planea echar mano de las tecnologías como herramientas para agilizar e impulsar el aprendizaje de niños y niñas.

Todo se lee muy bien, muy perfecto, es evidente que se han tomado ideas del modelo educativo que se aplica en Finlandia, el cual ya se está implementando a través de programas pilotos en Japón, Dinamarca y Canadá.

Pero a diferencia de esos países, aquí nuestros funcionarios buscan implementarlo de manera general, sin mayor evidencia, ensayos o capacitación, para el próximo ciclo escolar. Al menos eso es lo que se comenta al interior de los Consejos Técnicos Docentes.

Pero si este gobierno no fue capaz de organizar efectivamente a los más de 232 mil planteles que existen en el país, para establecer protocolos que garantizaran la educación de más de 25 millones de alumnos durante la pandemia, ¿cómo podrían, siquiera por asomo, implementar un modelo educativo diametralmente opuesto a lo que hoy conocemos; en un periodo de meses?

En Finlandia, el modelo se implementó con años de trabajo. Además, la cantidad de estudiantes y docentes es 50 veces más pequeña que en México. Es un abismo de diferencia.

El ingreso de un maestro en Finlandia es por mucho muy superior a lo que perciben los docentes en México. En cuanto a la capacidad instalada de los planteles, está sobresaturada y además mal equipada. Con trabajo y existen laboratorios de química, la mayoría son improvisados; ni se diga de laboratorios de cómputo. Y si a esas vamos, en muchos casos ni siquiera la luz o el agua llegan a los inmuebles educativos.

Otra duda es la de cuántos maestros se necesitarán ante la diferencia de conocimiento que existirá entre alumno y alumno. Lo que es claro es que están exponiendo a los docentes a una situación casi imposible: no se puede dar atención personalizada ni ir al ritmo de cada alumno cuando tienen que estar al frente de grupos de 50 o 60.

El rezago educativo que ha padecido esta generación a causa de la pandemia ha sido enorme. Encima de eso, ahora se expone a todo el aparato educativo a un cambio inviable, producto ya sea de la ingenuidad o de la ignorancia.

La receta educativa de Finlandia no es mala, pero en México simplemente no tenemos los ingredientes para cocinarla. 

POR GINA TRUJILLO
COLABORADORA
@GINATRUJILLOZ

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