DESDE AFUERA

Perú... en la crisis institucional

Es la segunda vez que Castillo es puesto ante la posibilidad de ser destituido

OPINIÓN

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José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

Y va de nuevo...

Si de alguna forma se pudiera describir lo que sucede desde hace años en la política peruana, tendría que llevar esa frase incluida: un presidente sitiado literalmente por el Congreso y a la espera de ser procesado.

Algo así como el sexto en los últimos seis años, según se cuenten los mandatarios y si se incluye a Mercedes Aráoz, que en 2019 hizo un interinato de 24 horas.

Pero salvo ella, todos los presidentes desde 1985 han sido acusados, encarcelados o buscados en investigaciones penales.

Uno, Alan García, se suicidó en 2019, cuando las autoridades solicitaron su arresto por presuntos delitos de corrupción.

Y las acusaciones de corrupción han estado en el centro de juicios e impugnaciones contra la mayoría de los presidentes peruanos recientes, incluso el actual, Pedro Castillo, al que se acusa de "incapacidad moral" para ocupar el puesto.

Es la segunda vez que Castillo es puesto ante la posibilidad de ser destituido. La primera, a fines del año pasado, no prosperó por falta de votos para llegar a juicio y la actual puede verse frenada por una situación similar. Pero no será el fin de la historia y puede apostarse a que habrá nuevos intentos.

Algunos querrán ver un problema ideológico. Después de todo, Castillo se presentó como un candidato de izquierda y fue electo como tal, en una votación de 50.5 a 49.5 por ciento frente la polémica candidata derechista Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), ahora preso por el presunto asesinato de seis campesinos en 1992.

Pero la verdad sea dicha, las acusaciones contra presidentes han recorrido la gama posible, de corrupción a asesinato, muy al margen de ideologías y tendencias. Han ido lo mismo contra economistas como Pedro Pablo Kuczinsky, que políticos como Martín Vizcarra, exoficiales militares como Ollanta Humala o ingenieros como Francisco Sagasti.

La situación es mucho más sistémica que ideológica. 

La semana pasada, con todo, Castillo obtuvo un triunfo con la confirmación legislativa de su gabinete, el tercero en ocho meses de gobierno, gracias a un voto de 64 a 58. El Congreso tiene una sola cámara de 130 diputados, en la que están representados 10 partidos, incluso cuatro en la coalición oficial.

Esa confirmación, sin embargo, ha sido vista también como una señal de la disposición de Castillo a negociar y a buscar el centro, si no por convicción sí por necesidad y realismo político. O según algunos, simplemente por instinto de supervivencia.

El hecho, en todo caso, es que en la política peruana la ideología es menos importante que el juego, y en Perú, el juego está verdaderamente en la relación Presidente-Congreso, descrita ya como un tenso arreglo institucional que enfrenta al Ejecutivo contra el Legislativo y fomenta constantes disputas.

El próximo 28 de marzo el presidente Castillo enfrentará un juicio político que amenaza su continuidad en el cargo. Si pierde no será porque sea corrupto, sino por falta de apoyo.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

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