AYER PENSABA DISTINTO

El falso dilema de la revocación

Desde que el presidente empezó hace unos años a hablar de la revocación de mandato había ahí algo que no encajaba.

OPINIÓN

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Fernanda Caso / Ayer pensaba distinto / Opinión El Heraldo de México

Desde que el presidente empezó hace unos años a hablar de la revocación de mandato había ahí algo que no encajaba.

Lo que hace ruido no es esta herramienta popular en abstracto. Por el contrario. Es sumamente positivo que los ciudadanos tengamos un instrumento para sacar del poder a un presidente en situaciones límite donde la democracia o la estabilidad del país estén en riesgo.  Lo que no encaja es la disyuntiva en la que pretenden meternos a quienes simplemente queremos que López Obrador termine su encargo y cumpla con el trabajo para el cual fue electo sin armar ya más argüendes caros e inútiles. 

Según la ley publicada en el Diario Oficial de la Federación apenas el 14 de septiembre, el procedimiento para quitar a un presidente funciona más o menos así: 

A finales de este año, el INE debe poner a disposición del público un mecanismo digital (supongo que una app) para recolectar firmas de quienes quieran que se haga la consulta. A partir de eso,  los interesados tienen tres meses para conseguir las firmas del 3% del padrón de electores nacional (alrededor de 2.7 millones de firmas), cuidando que haya representación de al menos el 3% de los votantes de 17 estados. En todo este proceso no hay publicidad oficial ni debates ni nada. 

Las firmas reunidas por todos los solicitantes entonces se compulsan a fin de eliminar las duplicidades y se cuentan. En caso de que se consiga el número requerido por ley, el INE publica la convocatoria de la consulta de revocación de mandato e inician las campañas que incluyen dos debates con representantes de uno y otro bando, lo cual implica algunas complejidades como ¿cómo elegir a estos representantes? 

Pero bueno… más allá de estas cuestiones logísticas que tienen solución, el problema de fondo está las opciones de resultados: 

Los ciudadanos tendremos frente a nosotros una boleta en la que nos preguntarán si queremos que el presidente se vaya por pérdida de confianza o que se quede en el cargo.  

Por un lado, sabemos que si damos nuestro voto a favor de la continuidad, esto se leerá como un respaldo a la gestión del presidente (con la que probablemente no estamos de acuerdo). Y él usará nuestro voto como propaganda de su fuerza en las mañaneras y frente al mundo, lo cual es algo que muchos quisiéramos evitar. 

Pero si por el contrario, votamos por la destitución de López Obrador y este resultado gana, el presidente dejaría el encargo generando una brutal crisis política y social en el país, lo cual no es tampoco un escenario que quisiéramos ver. En ese supuesto entraría como presidente por unos días el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, exgobernador de Tabasco y uno de los mayores aliados de AMLO. Mientras tanto, el Congreso de la Unión- de mayoría morenista- se reuniría para elegir al presidente sustituto que terminaría el periodo. Imaginemos esa situación: Monreal y Mario Delgado decidiendo con el Partido Verde en una oficina, a puerta cerrada, al nuevo presidente de México…. Un escenario de terror. 

El problema de esta consulta es que no tiene el potencial de solucionar nada para quienes estamos en desacuerdo con este gobierno. No se trata de estar en contra de la democracia, sino que la democracia requiere opciones y en este caso no las habrá. 

Habrá que escuchar opiniones y ver cómo se desarrollan las cosas los próximos meses. Por ahora, todo indica que la mejor opción será simplemente no participar en el costosísimo teatro del presidente y esperar al 2024… como era tan sencillo desde un inicio.

POR FERNANDA CASO 
FERNANDACASO@HOTMAIL.COM
@FER_CASO

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