MISIÓN ESPECIAL

Afganistán: Cementerio de imperios

El sufrimiento para sus habitantes ha sido inconmensurable. Poco duró la esperanza para los afganos y su gobierno de coalición

OPINIÓN

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Martha Bárcena Coqui / Misión Especial / Opinión El Heraldo de México

"El país más bello que he conocido es Afganistán”, decía mi jefe, Antonio González de León, recordando su visita a ese país mientras servía en la Embajada de México en India, bajo las órdenes de Octavio Paz. 

Recordaba sus imponentes montañas, su cielo azul, a sus habitantes y el territorio que durante años había sido punto de cruce y confluencia de diversas religiones, etnias y civilizaciones: budismo, helenismo, zoroastrismo e islam. 

Ahora, es la Embajada de México en Irán, la que cubre Afganistán y la embajada afgana en Washington es concurrente en México.

Tierra de nacimiento del gran poeta místico sufí Rumi; en 1207, su poema: “Sembremos tan solo amor y amistad en esta tierra pura”, se plasmó en una pintura donada a Naciones Unidas, en mayo pasado. Poco duró la esperanza para los sufridos afganos y su gobierno de coalición. Este domingo, después de la caída de varias ciudades y provincias, el gobierno se colapsó y los talibanes entraron a Kabul, sin resistencia. Apenas el viernes 13, el secretario general de la ONU había expresado su preocupación por el rápido avance de los talibanes y el deterioro del respeto a los derechos humanos en Afganistán, en especial para mujeres y las niñas. 

La debacle tuvo su origen, primero en el acuerdo entre el gobierno de Trump y los talibanes para el retiro de las tropas estadounidenses el 1 de mayo, y luego en el anuncio del gobierno del presidente Biden, el pasado 14 de abril, confirmándolo. Hay que recordar que EU y la OTAN emprendieron una guerra en 2001 en contra del gobierno talibán, tras el ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre, planeado por Al Qaeda con el apoyo de los talibanes. Si bien, en 2014 se anunció el fin de la guerra, permaneció en Afganistán un fuerte contingente de tropas estadounidenses y de la OTAN, en labores de entrenamiento del nuevo ejército afgano y como garantes de seguridad.

 Queda claro que su misión fracasó. Pero EU y la OTAN no fueron los primeros en hundirse en Afganistán. Las tribus de ese país (al menos 15 etnias diferentes) famosas por su rebeldía, ya habían derrotado a Alejandro Magno y al poderoso imperio británico en dos ocasiones, en el Siglo XIX, en el marco de lo que se conoce con el nombre de “El Gran Juego”, el enfrentamiento entre los imperios ruso y británico en Afganistán y Asia Central. Humillaron años después al ejército soviético, que invadió Afganistán en 1979, en apoyo al entonces gobierno comunista afgano. Dicha guerra tuvo altísimos costos para la URSS, que se retiró en 1989, desangrada económicamente. 

Durante la invasión soviética, EU armó, a través de los servicios de inteligencia pakistaníes (ISI), a los llamados luchadores por la libertad o muyahidines, transformados después en talibanes, cuyo gobierno apoyó a Al Qaeda, forzó a la administración Trump a la negociación y ahora, con una rapidez pasmosa, obtuvo el control del territorio y asestó una humillación al gobierno estadounidense y sus aliados.

POR MARTHA BÁRCENA COQUI
MARTHA.BARCENA@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@MARTHA_BARCENA

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