El Presidente que no conoce a su país

El distanciamiento con las clases medias, las familias de niños con cáncer y los habitantes de la Ciudad de México tuvo costos electorales

El Presidente que no conoce a su país
Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de México

Lo habrán escuchado: “No podemos negar que el Presidente conoce al país como nadie”, una sentencia habitual tanto entre sus fieles como entre sus detractores. Lo dudo. Creo, por el contrario, que sí podemos negarlo, y que eso, que realmente no lo conoce tan bien, explica que la elección del otro día no le haya resultado tan propicia como esperaba.

¿Que el Presidente se ha pedaleado cuanta zona marginada y paupérrima? Sin duda. ¿Que es urgente atender esa miseria? Por supuesto. ¿Que el peregrino de Palacio sabe conectar con esos segmentos de la población, hablarles, convencerlos? Sí. ¿Que le ha dejado y le dejará amplios beneficios electorales, y, por extensión, a su movimiento? 

Claro. Así y todo eso, visitar la miseria nacional, no equivale a conocer el país.

Y es que México tiene sus complejidades. Una de ellas radica en que esa abundante, inaceptable pobreza, convive con una también abundante clase media, que incluye a varias decenas de millones de personas. 

¿Qué comprensión, que empatía, qué preocupaciones ha mostrado el Presidente por esos millones de ciudadanos? En el discurso, menos cero. México, en la retórica de la 4T, se divide entre pobres que son buenos, buenos, buenos, sufridos, sufridos, sufridos, onda película de Pedro Infante, y ricos que son malos, malos, malos, privilegiados, privilegiados, privilegiados. Sin medias tintas. Lo que implica mantener ese nivel de vida, el clasemediero, en términos de chamba, de estudios, de enfrentar burocracias corruptas y préstamos bancarios, le pasa de noche. 

Como, consecuentemente, pasa de noche en los hechos. Ahí está la respuesta a la crisis por la pandemia, con esa indiferencia hacia las empresas pequeñas, o la reticencia a vacunar al personal de los hospitales privados, o la decisión de desamparar a esos chicos que estaban becados en el extranjero.

Bueno, pues ese desconocimiento, esa indiferencia, más allá de consideraciones éticas o sobre el deber de un buen gobernante, tiene costos electorales. Lo vimos el domingo, cuando, según es cada vez más claro, las clases medias, en proporción muy importante, salieron a votar contra la 4T. Así es como se pierde una mayoría calificada, por ejemplo: unos 50 escaños. 

Para no hablar de la Ciudad de México, que se pintó de azul en la mitad de las alcaldías y en el Congreso local. Porque esto puede haber sido un referéndum sobre la administración de Claudia Scheinbaum, pero también sobre el Presidente. Digo, aquí también nos tocó la bancarrota, como nos tocaron los miles de muertos, con los hospitales saturados, porque a alguien en las alturas no le gustan los semáforos rojos. Como nos tocó ver a Hugo López-Gatell paseando por la Condesa, contagiado, sin cubrebocas. 

Es lo que pasa con los chilangos: que el Presidente no nos conoce, pero nosotros sí lo conocemos a él.

POR JULIO PATÁN

JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 

@JULIOPATAN09

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