Tiempo y poder

Andrés Manuel López Obrador comenzó su periodo presidencial meses antes de tomar posesión

Tiempo y poder
Alejandro Poiré / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Andrés Manuel López Obrador comenzó su periodo presidencial meses antes de tomar posesión. No solo participó en las negociaciones finales del T-MEC que encabezaba el equipo del presidente Peña Nieto, sino que la decisión más trascendental de su gobierno, la de la cancelación del aeropuerto, se “consultó” y anunció durante el llamado periodo de transición, cuando no tenía ninguna atribución formal.

Logró esto en parte porque el gobierno saliente le dejó todo el espacio político para hacerlo, pero sobre todo porque el resultado electoral del mes de julio de 2018 anunciaba que en noviembre de aquel año arrancaría el gobierno con mayor poder político de la historia democrática del país.

Mucho antes de la integración del Congreso con sendas mayorías para Morena, antes incluso de la calificación de la elección presidencial, AMLO amaneció el lunes 2 de julio con un enorme poder que empezó a ejercer casi de inmediato. Esta es una de las lecciones elementales de la política: que el poder es, sobre todo, expectativa de poder.

Por ello, además de la pobreza de sus liderazgos nacionales, es que hasta ahora ha sido casi imposible para nadie ocupar un espacio relevante frente al presidente de la República. Porque hasta el momento, su poder político es casi ilimitado. Y salvo que repita el resultado de hace tres años, a partir del lunes 7 de junio el presidente tendrá menos poder que el que detenta hasta hoy, aunque tengan que pasar largos meses de aquí a la integración de una nueva Cámara de Diputados y la toma de protesta de quince nuevas gubernaturas.

Aún si Morena conservara la mayoría de la Cámara de Diputados, se verá mucho más cercano el fin del mandato de AMLO y el inicio de la nueva contienda presidencial. Empezarán a tomar prominencia posibles candidaturas desde la oposición, quizá como lo anunció Vicente Fox al día siguiente de la elección intermedia de 1997, y muchos actores reconsiderarán el cálculo de estar siempre alineados al poder de la presidencia.

Cierto es que tampoco hay que exagerar. AMLO seguirá siendo un presidente poderoso, con mayoría al menos en el Senado, más instrumentos jurídicos de control que sus predecesores, y con un liderazgo indiscutible en la dirigencia formal de Morena –al menos hasta la definición de la candidatura presidencial de 2024.

Pero los medios de comunicación, los integrantes del poder judicial, los propios miembros de su gabinete, las personas que ocupen altos cargos en dependencias clave para el ejercicio del poder, las nuevas gubernaturas, y hasta las coaliciones actuales del Senado deberán actualizar su cálculo respecto a lo que hemos visto durante los últimos tres años.

Eso fue exactamente lo que no hizo la oposición al aprobar la revocación de mandato para el titular del Ejecutivo, misma que seguramente será convocada al arranque del próximo año. Debieron entender, desde entonces, que el presidente utilizaría esta oportunidad como un último ejercicio para consolidar su poder de cara al cierre de su sexenio, a fin de conseguir un resultado de no revocación que será vendido como una ratificación.

Aún así, las cosas habrán cambiado. Muchas personas habrán empezado a jugar estrategias pensando en un nuevo sexenio, sin López Obrador.

POR ALEJANDRO POIRÉ
DECANO CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY
@ALEJANDROPOIRE

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