TRES EN RAYA

¡Olvídenlo!, AMLO no va a cambiar

Andrés Manuel está leyendo las señales, lo que no significa que las vaya a atender. Ciertamente no las que más le conflictúan

Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Andrés Manuel está leyendo las señales, lo que no significa que las vaya a atender. Ciertamente no las que más le conflictúan.

La sacudida electoral ocurrida el domingo pasado en la capital del país simplemente no la quiere entender bajo la premisa de lo lastimada que se encuentra un sector de la población (independientemente, por cierto, de la demarcación) ante diferentes políticas, programas y actos de gobierno.

Se ha portado mal, muy mal, con la ciudad que le adoptó primero como jefe de gobierno y después le brindó todo el apoyo para la creación de su movimiento.

Algunos analistas y un buen número de ciudadanos consideran que el presidente está intentando cambiar. Así “leen” que se haya sentado a dialogar ayer con Emilio Azcárraga, con Carlos Slim y, lo impensable, con el padre de Claudio X. González, blanco favorito de sus críticas diarias. ¿El motivo aparente? Buscar que — ahora sí— inviertan en nuestro país; eso y consensuar la no alza de los impuestos o la creación de nuevas cargas, aunque sí poner en marcha una extensa reforma fiscal.

El primer mandatario haciéndoles creer a los más grandes empresarios, pero también a todos los otros, que habrá certidumbre y oportunidades para la inversión de ahora en adelante. Tristemente no se ha dado cuenta que los empresarios no solo son los grandes capitales. Son las miles de PYMES a las cuales les negó el apoyo durante la pandemia, las miles de mujeres que nos supimos denigradas por sus dichos y abandonadas a su suerte ante la violencia rampante.

Da a entender que quiere cambiar. Giró instrucciones para apoyar a todos los damnificados por la Línea 12 del Metro y prometió que se les hará justicia a ellos, a todos los ciudadanos de esta gran metrópoli. También retiró finalmente al gran charlatán de Hugo López-Gatell de las conferencias de desinformación vespertinas sobre el covid (si bien, si a mí me lo preguntan, prepara el terreno para sacarlo del país lo más pronto posible como cabeza de alguna misión diplomática).

Pero creo que es mejor atender sus otras expresiones; hay un sinnúmero. El jefe del ejecutivo continúa diseminando la inquina en sus declaraciones en la mañaneras. La víscera le corroe y parece que enfila su enojo contra la clase media y los capitalinos que votaron contra su partido.

Ayer mismo comentó: “…y con esa manipulación en la capital de la República, que siempre había estado a la vanguardia, ahora hubo un avance hacia el conservadurismo… Ah, eso sí, van a la iglesia todos los domingos o a los templos, y confiesan y comulgan para dejar el marcador en cero y luego el domingo de nuevo, lo mismo". Y, antes, con respecto a al tragedia ocurrida en el Metro hace ya más de un mes, dijo: “… los que no viajan en Metro votaron en contra por la manipulación que se llevó a cabo a través de los medios de este lamentable accidente, de esta desgracia".

O aquello de pedirle “permiso” a su ex contrincante, Ricardo Anaya, para tomarse una caguama por el triunfo de Morena en los estados de la costa del Pacífico. O, también, hace apenas unas horas, burlarse con que a Regeneración Nacional ”le fue mal mal” en las elecciones pasadas. “Fíjense lo mal que nos fue: tuvieron elecciones de gobernador en 15 estados y el movimiento de la transformación triunfó en 11, nos fue remal”, indicó. O su “lástima, fifí... pero viene la revocación en 2022”. “Porque yo voy el año próximo, eso también se los mando a decir a mis adversarios, no se pudo ahora, ni modo, lástima fifí”.

O la mañanera en la que AMLO dijo que pedirá la protección a la CNDH, “hasta voy a pedir la protección de Derechos Humanos por todo lo tóxico, por la cantidad abrumadora de metieras de los medios tradicionales”, sin entender que la Comisión está para proteger a los ciudadanos de la autoridad. Minimizando con sus dichos todas las atrocidades cometidas por el gobierno ahora y los que le antecedieron, contra muchos mexicanos en lo particular. Más perversión, odio o manipulación no puede haber de su parte.

No se da cuenta que ese enojo debiera estar dirigido hacia quienes no le cumplieron a la población, empezando con su persona. Insiste que la votación en la Ciudad de México se debió a la manipulación de los medios, como si fuese una guerra sucia.

AMLO no puede cambiar. Llama hipócritas a sus adversarios políticos. Así se refiere al PRI cuando este instituto político se inclina por no ir en alianza con Morena. Su infinito resentimiento continua contra aquellos que no piensan como él, contra quienes trabajan, contra quienes le ven solo como político más y no como el salvador absoluto de la nación que él se supone.

Sigue sin entender que no sirven sus mentiras, ni el echar culpas; que él ya lleva tres años de no ser oposición electoral, detentando el poder; es gobierno y sigue sin poder ver a todos los ciudadanos como mexicanos. Gobierna con la división como bandera.

El enojo y la incapacidad de su equipo ha dado frutos. De seguir la confrontación en su discurso diario, el desgaste sólo será mayor. López Obrador vive dos realidades. En una procura cambiar, pero en la otra le traiciona la belicosidad y acusa a quien señala los errores de la 4T.

Él ni quiere ni puede cambiar. Olvidémoslo.

POR VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM

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