El doctor Gatell se despide de ustedes

Un doctor que prefirió hacer política, que la hizo tan mal como lo de cuidar a sus compatriotas y así logró arruinar dos carreras a la vez

El doctor Gatell se despide de ustedes
Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de México

Mujeres inteligentes y guapas se recetaban su conferencia de la tarde como quien se echa un strip-tease de Brad Pitt: infatuadas, transidas de pasión, permeadas por el espíritu de Eros. 

En retrospectiva, uno se pregunta ¿qué no vieron. ¿Y los pantalones marcapaquete, amigas? ¿Y el peinado tipo “Me puse la gomina de mi abuelo antes de que se me secara el pelo”? 

Ok, no seamos frívolos: ¿y la obsecuencia ante el Tlatoani, con esa sonrisa ruborizada, agradecida, cada que le dedicaba una palabra? ¿Nada hizo sonar una alarma? pero, seamos justos, es fácil hablar así, en retrospectiva, a agua pasada. 

La verdad es que en el inicio, ¿se acuerdan?, fue un alivio. Se nos venía encima la pandemia y daba miedo por doble partida: ¿y si —pensaba uno— el Presidente le encarga controlar esa pesadilla a un ingeniero agrónomo, o a un antiguo operador político de Macuspana, o a John Ackerman, que por entonces no le había caído en el hígado por andar promoviendo al cuñado en Guerrero y que nunca le ha hecho ascos a una nómina? 

Y no. El Presidente puso a cargo del asunto a un doc con buenos títulos universitarios y sobre todo, caso no muy frecuente en estos días, con capacidad para enhebrar hasta tres oraciones.

Sí, había llegado a nuestras vidas el doctor López-Gatell, ese que acaba de anunciar que se acabaron sus mañaneras, las mañaneras de la tarde. Y con el doctor llegó el destino trágico que nos hermana a todos: la decepción. No fue inmediato, claro. 

Su fama se disparó. Paco Taibo lo invitó a leer poesía de Miguel Hernández, el poeta comunista asesinado por el franquismo, en un caso raro de revictimización. 

Se decía que la telenovela de telenovelas, La Rosa de Guadalupe, le iba a dedicar un capítulo. Se rumoreó que él, el soltero más codiciado después de Manolo Bartlett, salía con alguna actriz famosa. 

Luego, la revista Quien le dedicó esa portada en que se le califica como “El rockstar de la 4T”. 

Nomás que entonces se dejaron venir lo de la fuerza moral y no de contagio; lo de que no hay evidencia científica de que el cubrebocas etc; lo de que ups, el modelo centinela siempre no jaló; y las regañetas a las reporteras que lo cuestionaban (siempre a las mujeres); y las contradicciones; y la escapada a la playa en plena masacre; y lo de pasear en territorio Condechi contagiado pero sin mascarilla, y… Bueno, los 400 o 500 mil muertos por COVID.

Ese es el personaje que acaba de decir adiós, en términos de visibilidad pública.

Un doctor que prefirió hacer política, que la hizo tan mal como lo de cuidar a sus compatriotas y así logró arruinar dos carreras a la vez. Eso sí, se va haciendo ruido. 

En la semana en que nos libramos de Lola Padierna o el simpaticazo de Pablo Gómez, los reflectores se centran en él. 

Es así, gente querida, que el doctor se despide de ustedes.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 
@JULIOPATAN09

dza


Compartir