La era de las restricciones

Aproveché la última semana de vacaciones para leer un libro que me hacía ojos desde hace un rato. Me hizo pensar mucho, demasiado

La era de las restricciones
María Milo / Sin Filtros / Opinión El Heraldo de México

Me ayudó a regresar a una de esas conclusiones que haces en la cabeza fácilmente, pero que le toma tiempo al corazón aceptar y digerir (sigo dudando si ya lo hice).

Estos últimos meses de COVID-19, en los que el tiempo en casa ha sido mucho mayor, es evidente que a todos se nos han pasado ideas por la cabeza que antes no se hacían presentes. Una de ellas, el exceso de atención a nuestra imagen, debido a pasar tanto tiempo viéndonos a través de una pantalla. De hecho, según el Centro Europeo de Cirugía Estética, el número de intervenciones plásticas ha aumentado notablemente a raíz de la pandemia.

Mientras pasaba las páginas de este libro, me encontré con las siguientes palabras de Roxane Gay: “prestaba una consideración aún menor a mi corazón que a mi cuerpo, de modo que trataba de cerrarlo con llave, pero nunca lo conseguí todo”. Fue una de esas veces que tienes que releer una y otra vez para asegurarte de entender bien. Esas palabras me estaban diciendo lo que había procrastinado por aceptar. ¿Por qué lo había hecho? No lo sé, ni siquiera creo que sea una cuestión en la que valga la pena detenerse a pensar. Pero de lo que sí estoy segura es que es importante estar conscientes de la manera en la que esto puede modificar nuestra realidad.

Con el incremento de las cirugías plásticas, la frecuencia de pararse frente al espejo también aumentó. Y es aquí donde pongo mi conclusión al aire porque es importante tenerla en cuenta. Como sociedad, y especialmente las mujeres, nos enfocamos más en cómo nos vemos que en cómo nos sentimos verdaderamente.

No es algo nuevo que la mayoría de las mujeres que conocemos estén a dieta o sigan planes de alimentación restrictivos. Definitivamente pareciera que estamos en la era de las restricciones, y no sólo en el campo de la alimentación. Porque si ponemos más atención a nuestra imagen que al interior, entonces seguramente también nos estamos restringiendo de compasión, de empatía, de amor propio, de los perdones, de los vínculos, de la consciencia. Y a largo plazo esas prohibiciones afectan mucho más que cualquier “defecto” físico.

La realidad es que, por esto, nada va a importar más que lo que sintamos cuando nos paremos frente a un espejo, lo que veamos va a ser lo de menos. ¿Qué sensaciones recorren nuestra piel? ¿Qué pensamientos se vienen a la mente? ¿Qué reflejamos en los ojos? ¿Qué mensajes nos mandamos inconscientemente? Ahí se encuentra la verdad.

Las circunstancias que nos rodean y construyen quienes somos están compuestas por mucho más que carne y hueso. Nos estamos restringiendo y al mismo tiempo causándonos un hambre interna. De nada sirve cuidarse por fuera si nuestro mar interno está seco. De nada sirve sonreír cuando hemos olvidado cómo hacerlo desde dentro. Sí, es algo fácil de decir, pero difícil de poner en práctica. Es importante dar el primer paso, escuchando a nuestro cuerpo, nuestros latidos, nuestra respiración. Porque el día que nos enfoquemos más en nosotros y menos en el ruido de afuera, todo será diferente.

POR MARÍA MILO
IG: @MARIAAMILO
BLOG: WWW.MARIAMILO.BLOG

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