La verdadera soledad

Ningún tipo de miedo existe específicamente en una persona debido a su biología, pero algunos de ellos tienden a prevalecer más en la mujer

La verdadera soledad
María Milo / Sin Filtros / Opinión El Heraldo de México

En su libro On Becoming Fearless, Ariana Huffington afirma que algunos de estos son el miedo a los hombres, el miedo a las imperfecciones, el miedo a la soledad, el miedo al ridículo, el miedo a envejecer. Es evidente que no debemos generalizar en ningún aspecto, pero ¿Qué nos dice esto sobre nuestra forma de vida en cuanto a la cuestión social? 

Podemos estar de acuerdo en que cuando te quedas encerrado en tu casa te das cuenta de muchas cosas. Una de ellas, del ruido y la grandeza del mundo interior que todos llevamos dentro. Atrevernos a oír esas verdades que por mucho tiempo negamos, y a visualizar esos rincones que enterramos, aterra bastante. Pero curiosamente después de un tiempo, te ayuda a respirar mejor, a liberar la carga de los hombros, y sanar. Ojalá desde chicos nos dijeran que abrir esas puertas que ignoramos ayuda para ahorrarte noches en vela. 

Pero me gusta pensar que esto ha sido una de las luces de la pandemia. Porque con estos viajes internos he aprendido a identificar la diferencia entre encajar y pertenecer. Específicamente las mujeres gastamos tantas energías en ganar aceptación externa, que nos olvidamos de nuestra autenticidad. El mundo siempre nos enseña que una de las situaciones a las que más debemos temer como mujeres es a la soledad. Pero me pregunto ¿hasta dónde nos llevará este miedo? ¿Qué somos capaces de hacer para evitar tal panorama? 

Desde chicas recibimos instrucciones de cómo vestir, qué hacer, qué no decir y a quién impresionar, y nos olvidamos de este mundo interno extraordinario que vive dentro de nosotras. Nos enfocamos tan profundamente en modificar ciertas partes de nuestra persona para encajar, que nos olvidamos que al final lo único que importa es pertenecer a nuestra esencia, sernos fieles a nosotras mismas y aceptarnos como somos; con todo y nuestras imperfecciones. 

Indudablemente se requiere de una dosis enorme de coraje para mostrarse ante los demás con autenticidad. Al final todas las vulnerabilidades quedan descubiertas. Pero también es importante darnos cuenta de que los daños de traicionarnos son infinitamente mayores.

Al opacar nuestra autenticidad por evitar la soledad, perpetuamos que nuestro mundo interior quede deshabitado, aunque estemos “acompañadas”. Más allá de ahuyentarla, ¿no será que la intercambiamos por una mucho más peligrosa?

Estoy convencida de que lo que debemos evitar es seguir cultivando la soledad de nuestro espíritu, de nuestra alma, de nuestro corazón. Porque en el momento en que eso se ausenta, la compañía física no sirve de nada, y el vacío interno es mucho mayor. 

Hoy me pregunto, ¿Qué pasaría con ese miedo si al voltear a ver a los ojos a otra mujer la viéramos como lo que podría llegar a ser? ¿Y si le ayudamos a entender que sus ojos brillan porque son el reflejo del fuego que lleva dentro? ¿Será que nos empezamos a enfocar en cultivar nuestra autenticidad? ¿Será que el miedo a la soledad dejaría de controlarnos porque nos daríamos cuenta de lo que estamos perdiendo? Está en nosotras empezar a intentarlo para poder verdaderamente escuchar la música de nuestro mundo interior.

POR MARÍA MILO
IG: @MARIAAMILO
BLOG: WWW.MARIAMILO.BLOG

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