Sobre la depresión

No es fácil, nunca, escribir sobre la enfermedad. Se necesitan muchas virtudes para convertir en palabras las sensaciones, el dolor, sin que la naturaleza de lo que describes, de tu padecimiento, se pierda en la traducción

Sobre la depresión
Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de México

No es fácil, nunca, escribir sobre la enfermedad. Se necesitan muchas virtudes para convertir en palabras las sensaciones, el dolor, sin que la naturaleza de lo que describes, de tu padecimiento, se pierda en la traducción. Más difícil aun es escribir sobre la depresión, porque eso que te permite escribir, tu mente, que por supuesto es también aquello que te permitiría luchar contra el mal, es el centro mismo de ese mal. Porque tu mente está, pues, en guerra contigo.

Esa es la certeza de la que parte el más conocido libro sobre esta enfermedad escrito desde la literatura, Esa visible oscuridad, de William Styron, y es el desafío que enfrenta Mauricio Montiel en Un perro rabioso. Noticias sobre la depresión (Turner, 2021). Un desafío que supera de largo.

¿Qué es Un perro rabioso? Es un ejercicio ensayístico, en la medida en que el ensayo es un género –se ha repetido hasta el cansancio– mestizo, especialmente libre, flexible, hecho con elementos del relato breve, de la literatura testimonial, a veces del estudio especializado y hasta de la crónica. Todo eso y algo más está en este libro tan sustancioso, una obra de luminosa inteligencia que es, a la vez, un testimonio ecuánime y valiente de la enfermedad, una reflexión sobre los buenos oficios del psicoanálisis y la psiquiatría, un libro sobre las adicciones y destacadamente un libro lleno de otras voces.

Y es que Un perro rabioso es también y sobre todo un acercamiento a la depresión en y desde el arte. Narrador él mismo, Mauricio se hace acompañar por los muchos escritores que como él sufrieron esa pesadilla maratónica y escribieron sobre ella, desde el propio Styron, hasta las suicidas Alejandra Pizarnik y Virginia Woolf, hasta el poeta Roberto Juarroz, hasta Baudelaire, Rimbaud y Emily Dickinson. Los acompañan artistas como Durero, Munch, Doré o Rothko, e incluso algún músico, caso de Chopin. Son compañías necesarias. La comprensión cabal, íntegra, de algo tan complejo como la depresión, es imposible, pero las artes nos han dado abundantes momentos que permiten vislumbrarla y por tanto entenderla, conocerla, en su crueldad desgastante y tramposa y en su capacidad por convertir a quien la sufre en otra persona. Lo mismo hace Mauricio. Decía que a Un perro rabioso lo distingue su inteligencia. La primera señal de esa inteligencia es que el libro evita la tentación del tratado, y ofrece en cambio una sucesión de ideas precisas y de sensaciones retratadas con una fuerza serena de verdad envidiable. En conjunto, evidencian que la depresión encontró aquí un estudioso único, es decir, en la medida en que desactivar la depresión implica comprenderla, un peligroso enemigo.

Y es que tiene el buen gusto de no remarcarlo, pero con el hecho mismo de terminar este libro Mauricio logró demostrar que sí: hay un camino de regreso a la luz.

POR JULIO PATÁN
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@JULIOPATAN09

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