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Anne Applebaum, hace un recuento de cómo los defensores y promotores del cambio democrático se convirtieron en apóstoles furibundos del autoritarismo y la tiranías

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Alejandro Echegaray / Campus / Opinión El Heraldo de México

Previo a la pandemia que nos tiene encerrados en casa, el mundo padecía ya el brote de la enfermedad que ha azotado las democracias liberales modernas: el populismo y su variante autoritaria.

En México, el advenimiento del pluralismo, la apertura económica y la adopción del liberalismo como eje rector de las política publica ha llegado a su fin. El péndulo que oscila entre el autoritarismo y la democracia se ha estacionado en una versión autocrática que desprecia el equilibrio de poderes, el disenso y la competencia.

En los últimos años, hemos sido testigos de cómo alrededor del mundo las dictaduras o regímenes antiliberales resurgen y echan raíces, como ocurrió en Polonia, Estados Unidos y el Reino Unido. Anne Applebaum, en Twilight of Democracy: The Seductive Lure of Authoritarianism, hace un recuento de cómo los defensores y promotores del cambio democrático se convirtieron en apóstoles furibundos del autoritarismo y la tiranía.   

La explicación de Applebaum no se enfoca en los autócratas y en sus audiencias sino en la función de los cortesanos como normalizadores de la arbitrariedad de los tiranos: “los escritores, intelectuales, panfleteros, blogueros, consultores, productores, periodistas y conductores que venden su imagen al público". Estos intelectuales, según Applebaum, han traicionado su raison d'être y han canjeado la búsqueda de la verdad por la defensa a ultranza de su líder sin importar lo deshonesto de sus postulados, sus actos de corrupción y el impacto negativa  sobre las vidas de la gente común y las instituciones. Los normalizadores no son los excluidos y los que se han quedado al margen del desarrollo, sino que pertenecen a una clase ilustrada, que ha tendido la oportunidad de viajar y que son económicamente prósperos.

¿Y estos facilitadores se tomaron el Kool-Aid o son solo oportunistas? A qué se debe el cambio de los que fomentaron una agenda democrática, el liberalismo y la apertura y abanderaron valores republicanos como la división de poderes y los pesos y contrapesos. ¿Se creen las historias que promueven o es simple pragmatismo? Probablemente tenga que ver con el talente autoritario de los que conforman las nuevas élites y el desencanto con la meritocracia que no les ha brindado las oportunidades que esperaban.

El mérito ha sido expulsado, la riqueza es mal vista y a las élites se les ha culpado por los males de México. Los demagogos que acompañan al tirano desdeñan la competencia aunque genere prosperidad, conocimiento y nuevas ideas. Ahora, los aplaudidores del régimen han usado la retórica del privilegio para desestimar el mérito y generar una narrativa maniquea de buenos y malos.

POR ALEJANDRO ECHEGARAY
POLITÓLOGO
@AECHEGARAY1

jram

 


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