ANECDATARIO

No es cosa de hoy

Era 1961 cuando John F. Kennedy dijo en su discurso de investidura presidencial: No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país

OPINIÓN

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Atala Sarmiento/ Anecdatario/ Opinión El Heraldo de México

Era 1961 cuando John F. Kennedy dijo en su discurso de investidura presidencial: No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país.

El Príncipe Harry de Inglaterra dejó muy claro lo que él ha decidido hacer por sí mismo, su familia y, finalmente, su país, en la entrevista que concedió a Oprah Winfrey en un canal de televisión estadounidense.

Impresionan mucho las revelaciones hechas por Meghan Markle a la periodista, y se ganan la admiración de tener el valor para respetarse lo suficiente como para no estar dispuesta a soportar el horror de ser parte de la institución monárquica británica y evitar que se repita la historia.

La controversia ha rodeado a la corona inglesa desde hace siglos.

Remontémonos a 1509 cuando Catalina de Aragón, hija de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos de España, se unió en matrimonio a Enrique VIII de Inglaterra. La única heredera adulta fruto de esta unión fue Maria I, a quien se le bautizó como La Sanguinaria o Bloody Mary, por la cantidad de ejecuciones que provocó su lucha para restaurar el catolicismo en
Inglaterra.

Siendo niña su propio padre la alejó de la corte dando pie a una relación lejana con él hasta que Jane Seymour, tercera esposa de Enrique VIII, intercedió para una reconciliación. Suena familiar al Megxit.

El de Enrique y Catalina, como el de Diana y Carlos, también fue un matrimonio de 3. Estando aún casados, Enrique VIII dejó a Catalina por Ana Bolena a quien los historiadores de entonces describieron como una mujer que no se ceñía a los criterios de belleza de la época.

Decían que tenía la piel oscura, el pelo y los ojos negro profundo; me recuerda a Meghan. Entonces si no tenía la palidez imprescindible de la belleza de aquellos días ¿Por qué Enrique VIII cayó rendido a sus pies y abandonó a Catalina de Aragón? Era su embriagante encanto, un carisma arrollador, fue ícono de la moda del s. XVI, tenía habilidades para la danza, y la música. Era dulce y alegre, le gustaba el vino, y dicen que era valiente y emotiva -vuelvo a pensar en Meghan- pero su propio marido le mandó cortar la cabeza por adulterio y traición.

El más grande legado de esa relación fue la Reina Isabel I de Inglaterra, la Reina virgen. Pese al esplendor que se vivió durante su reinado, Isabel I no estuvo dispuesta a compartir su poder con un consorte. Nunca se casó, ni tuvo descendencia y fue así como culminó el período de la Casa Tudor en Inglaterra.

De Lady Diana Spencer no hace falta decir más.

Es muy evidente el papel tremendo, por decir lo menos, que han jugado las mujeres en la monarquía británica. Aunque hayan sido decapitadas, accidentadas fatídicamente en un auto o ser la incómoda a la que hoy en día le quieren cortar la lengua.

POR ATALA SARMIENTO
COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ATASARMI

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