Mariana: el acoso, la indolencia y la prisa

La madre de Mariana dice que pudo estar cerca del ataúd de su hija unos 20 minutos. Que no se atrevió a abrirlo. Y que no autorizó que cremaran el cuerpo

Mariana: el acoso,  la indolencia  y la prisa
Mauricio Farah / Todos Somos México / Columna Invitada

Para lo único que hubo prisa, al parecer, fue para incinerarla.

Para todo lo demás, en el caso de la médica Mariana, de 24 años y pasante de la Universidad Autónoma de Chiapas, no hubo prisa ni atención ni respuesta. 

Nos hemos acostumbrado a lamentar, en lugar de evitar, las agresiones en contra de las mujeres. 

Evitar es complicado; lamentar es sencillo, cómodo, correcto.

Una vez que todo sucede, a todos nos da por deplorarlo, denunciarlo, afligirnos, condolernos. 

Por eso, frente a nuestros ojos los casos se siguen repitiendo de una u otra forma, pero siempre con el mismo desenlace.

Hoy en promedio cada día son asesinadas 10 mujeres en  México.

Eso quiere decir que cada día hay diez personas, la mayoría hombres, que se convierten en asesinos de mujeres. 

Como pocos son los detenidos y sancionados, la mayoría siguen libres.

Hoy, asesinar a una mujer en México suele quedar en la impunidad.

La madre de Mariana, que reside en Coahuila, ha dicho que su hija le contó desde noviembre que un médico la acosaba.

Una noche, el acosador entró por la fuerza al cuarto que le asignaron a Mariana mientras hacía su servicio social en la comunidad de Nueva Palestina. Ella salió huyendo cuando el agresor quiso tocarla.

De acuerdo con lo que le dijo la joven a su madre, y de lo que han dado cuenta notas periodísticas, había intentado denunciar el acoso ante el Ministerio Público, pero no quisieron recibirla; pidió a la Secretaría de Salud del estado que la reasignaran a otra clínica y como respuesta le dieron un mes de vacaciones,  le suspendieron la beca de tres mil pesos y le dijeron que se tranquilizara. 

Tampoco encontró eco en la Universidad Autónoma de Chiapas.

Similar historia se repite en versiones apenas diferentes porque  la tendencia es minimizar la alerta. 

Según la lógica de la minimización, la insinuación es halago, el acoso es cortejo, el insulto es sólo una manera de expresarse, la violación es resultado de la provocación, y el feminicidio es suicidio. 

La madre de Mariana le dijo que renunciara al servicio social, pero ella contestó que no porque tenía prisa en titularse para poder ejercer su profesión. 

Quería trabajar ya. Sí, el acoso era una pesadilla, pero no le iba a impedir su sueño. 

No hubo institución que apoyara a Mariana. A ninguna le pareció relevante. Y menos urgente. La madre de Mariana dice que pudo estar cerca del ataúd de su hija unos 20 minutos. Que no se atrevió a abrirlo. Y que no autorizó que cremaran el cuerpo. “Nadie me preguntó. Yo no firmé nada”.

En el velatorio se dio cuenta, sin embargo, de cierta premura: “Vi que había mucha prisa en sacar el ataúd y llevarse la carroza”.

Sí, por fin había prisa para Mariana, pero para incinerarla.

 

POR MAURICIO FARAH
MAURICIOFARAG@HOTMAIL.COM
 @MFARAHG

lctl


Compartir