El corazón que Szeryng dejó en México

Conoce la historia mexicana de uno de los más grandes violinistas del mundo, fallecido un 3 de marzo, hace 33 años, y quien dejó su corazón en México, el país que le diera refugio

El corazón que Szeryng dejó en México
Miguel Salmon Del Real / Sin Bemoles / Opinión El Heraldo de México

Dentro de la gran tradición diplomática que México ha construido por casi un siglo, miles de exiliados han sido recibidos, entre ellos, personalidades que han dejado una importante marca en la historia, como es el caso del violinista Henryk Szeryng, nacido en Varsovia en 1918.

Szeryng visitó México en calidad de intérprete traductor en 1942, acompañando al General Sikorski, Primer Ministro de Polonia. Se entrevistaron con el presidente Manuel Ávila Camacho con el objetivo de buscar hogar para millares de judíos, a los cuales la Segunda Guerra Mundial forzó a dejar su país. Al poco tiempo, 1453 refugiados polacos fueron recibidos en la Hacienda de Santa Rosa, en León, Guanajuato, y Szeryng fue invitado a permanecer en el país. Ante el hospitalario gesto hacia sus compatriotas, Szeryng hizo patente su agradecimiento por el resto de su vida. A los veinticuatro años de edad, en 1943, se estableció al norte de la capital mexicana, y comenzó una entusiasmada labor concertística, de enseñanza, y de colaboración con los más grandes compositores del país.

A su llegada, inició con el estudio del Concierto para violín de Ponce, el cual estrenó de inmediato bajo la dirección de Carlos Chávez, al tiempo que impartía clases en la entonces Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), labor que se extendió por más de una década, hasta 1956, año en el que el Gobierno de México lo nombró Embajador Cultural Itinerante de buena voluntad, convirtiéndose en el primer artista nacional con pasaporte diplomático, pues había obtenido la ciudadanía mexicana ocho años antes, en 1948. Durante este periodo se mantuvo cerca de Julián Carrillo, a quien visitaba en su casa de San Ángel, al sur de la ciudad, en el Callejón del Santísimo. Años más tarde de la muerte del inventor del Sonido 13, vivió justo enfrente de aquella casa, en el número 18. Su hija Dolores, “Lolita” Carrillo, asistió al maestro Szeryng hasta el final de su vida; recibía su correspondencia y coordinaba muchas de sus actividades en México.

Asimismo, Szeryng impartió diversos cursos en el Conservatorio Nacional de Música, aun en la década de los sesenta y setenta, cuando su actividad internacional ya se había intensificado, tras encontrarse, en 1950, con el gran pianista Arthur Rubinstein, quien lo instó a presentarse con más frecuencia en el extranjero, así como a realizar grabaciones internacionales, lo que cumplió a cabalidad, convirtiéndose en uno de los violinistas con mayor número de registros fonográficos. Otra de las importantes aportaciones que hizo a la música mexicana consistió en su interpretación del Concierto para violín de Carlos Chávez en Nueva York, bajo la dirección de Leonard Bernstein, en 1965.

En sus años de formación, Szeryng estudió en Polonia con Maurice Frenkel (1925-1927), en Berlín con Willi Hess (1928-1930) y Carl Flesh (1930-1933), en París con Jacques Thibaud (1935-1936), y finalmente con Gabriel Bouillon (1936-1937), en el legendario Conservatorio de la capital francesa, del cual se graduó a los dieciocho años de edad. Es entonces cuando recibe su primer gran violín, el Andrea Guarnerius de 1683, mismo que años después, en 1974, donaría a México. Lo entregó en mano al presidente Luís Echeverría, y al otrora concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional, el maestro Héctor Olvera Curiel, iniciando una tradición en la que el concertino de la Sinfónica lo tomaría bajo resguardo. Al maestro Olvera, le han sucedido los maestros Manuel Suárez, Luis Samuel Saloma y Shari Mason. Bajo la misma idea, Szering había donado un par de años antes su violín Stradivarius 1734 “Hercule” a la Ciudad de Jerusalén, y once años después, su violín Jean-Baptiste Vuillaume 1861 al Príncipe Rainier II de Mónaco. Por cierto, el maestro Manuel Suárez, promovió en la década de los noventa, el concurso de violín, a la memoria de Szeryng. La primera edición tomó lugar en septiembre de 1992; el primer premio fue compartido entre el violinista mexicano Andrián Justus (1970), y la violinista polaco-mexicana Erika Dobosiewicz (1967), quien al igual que Szeryng, nació en Varsovia y decidió residir en la Ciudad de México; a la fecha, se desempeña como concertino de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México.

Entre los datos curiosos que se le atribuyen a Szeryng, se dice que nació bajo el apellido “Serek”, el cual, traducido del polaco, equivale al diminutivo para “queso”. Su padre debió cambiar el apellido ante la necesidad de acuñar un nombre artístico para el prometedor Henryk.

Su vida está marcada alrededor de su obra predilecta, el Concierto para violín de Johannes Brahms. Fue el primer Concierto que tocó al debutar en Varsovia a los catorce años de edad, en 1933, y también el último, el cual interpretó 55 años más tarde en Kessel, Alemania, tras lo cual falleció a causa de un derrame cerebral un par de días después.

Una década antes, en una entrevista que concedió  al diario mexicano Excélsior, se le había preguntado «¿qué haría si le quedara un hora de vida?», a lo cual respondió: «Tocaría el Concierto de Brahms.»

—De música se habla sin bemoles—

POR MIGUEL SALMON DEL REAL
DIRECTOR DE LA ORQUESTA SINFÓNICA SINALOA DE LAS ARTES
IG: @miguel_delreal_conductor
TW: @migueldelreal

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