A propósito de Félix

Una batalla de vergüenza, incredulidad, desconcierto, enojo y miedo se libraba debajo de la mesa mientras sobre ella continuaba la reunión que el agresor presidía

A propósito de Félix
Hernán Gómez Bruera / Fuera de Tono / Opinión El Heraldo de México

He conversado con distintas mujeres sobre las múltiples interrogantes que tengo acerca del caso Salgado. Me di cuenta que no puedo usurpar su voz. Por eso le pedí a una de ellas que utilice mi espacio en esta ocasión. He cuidado que no sea una opositora a este gobierno. Habla Paola Ojeda:

Durante los últimos días he discutido largamente con amigos queridos, a quienes respeto y con quienes generalmente concuerdo, sobre las denuncias de acoso y violencia sexual: los laberintos interiores para decidirnos a denunciar y los laberintos exteriores en los que las denuncias terminan inscritas.

Me desconcierta no poder acercarnos a una idea común. Advierten el “destiempo” de algunas denuncias y sospechan oportunismo por parte de las denunciantes, dado el momento político. 

Me ha sido imposible lograr que empaticen con la indignación colectiva generada por las reacciones que minimizan una realidad cotidiana que viven la mayoría de las mujeres en este país. Ante esa sensación de impotencia decido compartirles una experiencia personal.

Hace muchos años, durante una reunión de trabajo, un funcionario federal de “primer nivel”, comenzó a tocarme la pierna con fuerza por debajo de una mesa en la que había otras tres personas. Muchas cosas pasaron por mi cabeza, y en tres segundos tuve que reconocer lo que estaba pasando; conciliarlo con la vergüenza y el miedo que sentí y tomar una decisión. Recuerdo haber puesto mucho esfuerzo en la discreción con la que intentaba apartarlo. Una batalla de vergüenza, incredulidad, desconcierto, enojo y miedo se libraba debajo de la mesa mientras sobre ella continuaba la reunión que el agresor presidía. Yo, que he sido señalada por no callarme, por no dejarme, por irreverente. Yo me callé. Se lo conté a una sola persona, muchos años después. 

Si el día de hoy, años de silencio después, alguna mujer denunciara por violación o acoso a esta persona, no dudaría en contar esta historia, animada por su valentía. Estoy segura que no sería la única.

¿El “destiempo” le quita a mi testimonio lo verdadero? ¿Sumarme a la verdad de una mujer más valiente que yo, lo invalida? ¿Por qué he guardado silencio? Porque temí represalias, que se dudara de mi palabra, que la agresión se minimizara. Por miedo. 

El oportunismo de la oposición, las sospechas alrededor del ex fiscal, el momento político; todas son preguntas válidas. Pero no más graves, ni trascendentes, ni urgentes que las acusaciones.

¿Acaso no se sabe lo que se requiere para presentar una denuncia en este país?

¿No se sabe lo que implica denunciar a un hombre?

Y más aún, ¿no se imaginan lo que se requiere para denunciar a un político?

Un mar de valor y rabia en el que de todos modos una termina naufragando. 

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
HERNANFGB@GMAIL.COM
@HERNANGOMEZB

avh


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