#UnVioladorNoSeráGobernador

El movimiento puede ayudarnos a pensar y discutir, cabalmente, en todos sus ángulos, lo que enfrentamos

#UnVioladorNoSeráGobernador
Julio Patán / Malos modos / Opinión El Heraldo de México

Se hizo “tendencia”: bastantes hombres, pero sobre todo muchas mujeres, se sumaron a una campaña contra el nombramiento de Félix Salgado Macedonio a la candidatura para Guerrero, esa campaña que llama al presidente a “romper el pacto”. El pacto es el del “patriarcado”, que se echa la mano cómplicemente incluso ante acusaciones reiteradas de violación; que se blinda colectivamente frente a las exigencias irreprochables, urgentes, de tantas mujeres.

¿Es entonces justo el reclamo, etiquetado como #UnVioladorNoSeráGoberndor? Sin duda. Con todo, para que el movimiento tenga algún peso más allá del simbólico, debe tomar en cuenta algunos hechos.

El primero es que no se justifica la sorpresa. ¿Por qué el empeño en sostener a Salgado? ¿Por qué el apoyo a semejante aberración en tantos personajes de la 4T? Por el primer mandamiento de este régimen: el presidente no se equivoca. Es una certeza que comparten sus aplaudidores, pero sobre todo es una certeza que guía cada paso del líder. Los reto a encontrar una excepción; un solo ejemplo de que el presidente haya reconocido un error y rectificado. Quitarle el apoyo a Salgado implicaría eso, aceptar un fallo. Imposible.

Otro hecho, muy de todos los populismos, es que vivimos bajo el régimen del maquiavelismo rascuache; bajo una real politik fritanguera, improvisada y emputecida que justifica lo que sea en nombre del bien supremo. El siglo XX nos recuerda que el paraestatalismo y los elefantes blancos conducen a la bancarrota; que no se alcanza la certeza energética con apagones; que los niños no están bien educados en manos del sindicalismo ultra, y que rodearse de hampones no conduce a la decencia universal. Vaya, que no se alcanza la utopía sumando destrucciones. Pero son muchos los que no aprenden.

El tercer hecho es que no hay modo de encontrar un presidente más opuesto a lo que muy toscamente podemos llamar las reivindicaciones feministas. Hablamos del hombre que no quiso hablar de feminicidios porque nos distraían de la rifa del avión. Del que cree que las mujeres son las amorosas cuidadoras de sus familiares. Del que arremetió contra las instancias infantiles y los refugios para mujeres maltratadas. Del que se opone a despenalizar el aborto. El del PES y Manuel Espino.

¿Por qué conviene tener presentes estos hechos? Porque Salgado, a la hora de escribir estas líneas, vuela hacia la gobernatura. O sea, porque el presidente no va a escuchar las protestas. Pero el movimiento puede ayudarnos a pensar y discutir, cabalmente, en todos sus ángulos, lo que enfrentamos. A entender, pues, que, por muchas razones, Salgado –como Bartlett, como Napito– no es una anomalía, una rareza, sino un caso de estudio ejemplar, y a la vez un síntoma, de un modo de ejercer el gobierno. Que no es, pues, el problema de fondo.

Por JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 
@JULIOPATAN09

avh 


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