COLUMNA INVITADA

Un PAN que no se come

Un PAN que no se come, de Uriel Jarquín Gálvez, es un libro básico para conocer la biografía del partido de derecha más antiguo del sistema político mexicano

OPINIÓN

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Onel Ortiz Fragoso / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Un PAN que no se come, de Uriel Jarquín Gálvez, es un libro básico para conocer la biografía del partido de derecha más antiguo del sistema político mexicano. No siempre lo consideré así, a principio de los años 90, como estudiante de Ciencias Políticas en la UNAM, integrante del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), participante en el Frente Democrático Nacional (FDN) y fundador del PRD, me parecía una pérdida de tiempo. La derecha era la enemiga, conservadores, mochos y punto, hasta que uno de mis profesores que, por la experiencia y la sabiduría, me dijo que a los adversarios se les estudia con tanto o más dedicación que a los aliados. Lo importante no es la demagogia y las consignas, sino encontrar las diferencias de fondo y, por qué no, las coincidencias. 

En diversas etapas de mi vida profesional, desde la izquierda,  he seguido los procesos panistas, su desempeño como gobierno, primero locales y después en la Presidencia de la República. Conozco a mujeres y hombres que militan (o militaban) en el PAN de gran valía, que a pesar de las diferencias de visiones, propuestas y planteamientos, les reconozco congruencia, tolerancia y vocación democrática. Son adversarios a los que hay que vencer, no enemigos a los cuales eliminar. 

El PAN que estudié en mis años juveniles y que seguí en mi trabajo de análisis desapareció. Se perdió en el sexenio de Felipe Calderón. Quedarse con la Presidencia de la República como se quedaron los afectó mucho más de lo que creen. En el PAN se acabó el debate, la autocrítica, los parlamentarios y los demócratas. No hay mística militante, ni entusiasmo partidario. 

La debacle del PAN inició en el sexenio de Calderón, al imponer desde la Presidencia su voluntad en el partido. Colocó en cargos dirigentes a una generación de jóvenes muy ambiciosos, adictos al dinero y al poder, que sin méritos y trayectoria desplazaron a la clase política panista. 

Ricardo Anaya ha sido el peor candidato panista a la Presidencia de la República. Este partido nunca ha repetido candidato presidencial. Si se descuidan, Anaya podría ser el primero. 

El Estatuto del PAN permite la reelección de su presidente. El problema es que Marko Cortés pretende reelegirse por medio de las peores prácticas de la política mexicana. Tiene razón AMLO, quizá no en el mismo sentido que él lo dice, pero el PAN está moralmente derrotado. No tiene ni una cara, ni una propuesta que presentar en el 2024. 

Rumbo a la sucesión y pese a todo, el PAN es el principal partido de oposición a AMLO, y su candidato o candidata será el adversario más destacado de Morena. Esto, a pesar de que el PAN se haya convertido en un platillo incomible para sus propios militantes. La política es de bronce.  

POR ONEL ORTIZ FRAGOSO

ANALISTA POLÍTICO Y ASESOR PARLAMENTARIO

@ONELORTIZ

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