La sombra del fascismo

Así que, fiel a su estilo, el espectáculo de estos últimos días superó cualquier ficción imaginable. El asalto violento al Capitolio fue el clímax de la embestida contra la democracia norteamericana

La sombra del fascismo
Verónica Ortiz / Ventana Política / Opinión El Heraldo de México

Cumpliendo los peores augurios postelectorales, el presidente Trump se negó a admitir su derrota y se enfrascó en una obsesiva carrera por revertir el resultado alegando un fraude electoral que nunca pudo probar.

Después de los repetidos conteos, las fallidas impugnaciones y los reveses judiciales, se jugaba la última carta en la sesión conjunta del Congreso: descarrilar la certificación de las votaciones para que Biden no alcanzara los 270 votos necesarios para ganar.

Así que, fiel a su estilo, el espectáculo de estos últimos días superó cualquier ficción imaginable. El asalto violento al Capitolio fue el clímax de la embestida contra la democracia norteamericana. Las instituciones puestas contra las cuerdas por el propio presidente de los EUA.

Pero fue la crónica de un desastre largamente anunciado. Desde la campaña previa a la elección del 2016 Trump dio claras señales de su personalidad. Su talante autoritario se confirmó una y otra vez a lo largo de estos cuatro años. Y en un irónico desenlace, el presidente que prometió “restaurar la grandeza” de los Estados Unidos (Make America Great Again), está dejando un país sumido en una tragedia sanitaria por la pandemia y con una sociedad completamente fracturada y resentida.

La presidencia de Trump no podía terminar bien. El ataque contra las instituciones desde la campaña, el populismo rampante, la personalidad de un autócrata incapaz de reconocer su derrota y decidido a incendiar al país antes que transferir pacíficamente el poder.

Entre muchos otros, Madeleine Albright alertó contra el fascismo que vivió de primera mano en su natal Checoslovaquia y cuya sombra volvió a percibir con la llegada de Trump a la Casa Blanca. La exsecretaria de Estado, reconoció las características del personaje fuertemente identificado con sus seguidores, que presume hablar a nombre de todo un país, displicente con los derechos de los demás y determinado a usar cualquier medio necesarios, incluida la violencia, para alcanzar sus propios fines.

Al cierre de esta columna, Trump ofrece por primera vez una transición pacífica a la “nueva administración” mientras aumenta la presión de la oposición que exige la destitución inmediata del Presidente a través del procedimiento previsto en la enmienda 25.

En el mediano plazo, se verá el daño a la institucionalidad democrática en los Estados Unidos. A la confiabilidad en el sistema electoral, y al partido Republicano que lo encumbró.

Para la reflexión queda manifiesta la fragilidad de la democracia y el peligroso camino de los populistas autoritarios, que seducen apelando a la reivindicación de los agraviados, pero acaban usándolos para su exclusivo beneficio.

Hay que poner atención a las señales, antes de que sea demasiado tarde. En palabras de Anne Applebaum, los líderes despóticos no actúan solos. Dependen de aliados políticos, burócratas y medios incondicionales para allanarles el camino y consolidar su poder. 

 

POR VERÓNICA ORTIZ
VORTIZORTEGA@HOTMAIL.COM
@VERONICAORTIZO


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