Manuel Ávila Camacho: la unidad nacional

La elección del Presidente Caballero, respondía a una necesidad de conciliación de las fuerzas políticas

Manuel Ávila Camacho: la unidad nacional
Alfredo Ríos Camarena/ Columna Invitada/ Opinión El Heraldo de México

Probablemente la más difícil y complicada decisión política del General Lázaro Cárdenas fue la que tenía que ver con la sucesión presidencial, pues si bien, Francisco Múgica fue su mentor ideológico y uno de los hombres más radicales de su gobierno, podía representar un problema de estabilidad con la Segunda Guerra Mundial y la reacción interna del fascismo y de la derecha mexicanas. El General Juan Andreu Almazán representaba una corriente de la derecha en el seno de la Revolución y, por otra parte, también surgieron el Partido Acción Nacional y la Unión Nacional Sinarquista. Por ello, el presidente Cárdenas impulsó una solución política que tenía que ver con la estabilidad y con la defensa de los principios, que inspiraron a su gobierno y la Unidad Nacional en la conflagración mundial.

La elección del presidente Caballero, Manuel Ávila Camacho, respondía a una necesidad de conciliación de las fuerzas políticas, y en realidad así fue, porque a pesar del giro que tomó este nuevo gobierno, conservó tres elementos esenciales: uno, la hegemonía del Partido de la Revolución Mexicana; dos, la unidad de las Fuerzas Armadas; y tres, la política económica dirigida también por Eduardo Suárez, que siguió dando a la inversión pública la posibilidad de dirigir la economía nacional, así fue desde 1934 hasta 1980.

La línea trazada por la Revolución se mantuvo en un péndulo que oscilaba un poco a la derecha, o un poco a la izquierda; así lo describió López Mateos cuando afirmó que “él representaba la extrema izquierda dentro de la Constitución”, es decir, se mantuvieron elementos que coincidían con el plan constitucional de establecer una democracia social.

El cambio económico y político que suscitó la aplicación de la política económica neoliberal destruyó muchos de los paradigmas fundamentales y fomentó la creación de una democracia liberal y partidista, que finalmente cayó herida de muerte, con aquella patología social que pronosticó Maurice Duverger; los partidos políticos se quedaron vacíos de principios y de ideología, y se convirtieron en grupúsculos mezquinos que, desde una cúpula cerrada, se han disputado los cargos públicos; esto se refleja frente a las próximas elecciones de 2021 en las “alianzas anti-natura”, que se han planteado y que vienen de tiempo atrás, la alineación de Morena con Encuentro Social y el PVEM, rompe con cualquier definición programática; y, hoy, la alianza de PAN, PRD y PRI refleja la desesperación de los partidos de la oposición, que no han tenido la capacidad de construir una propuesta seria y responsable, lo que discuten son causas circunstanciales y no proyectos fundamentales para el desarrollo económico del país. La esperanza de la ciudadanía consiste en que surja una nueva corriente que retome principios esenciales de política pública, y cuyos objetivos sean acabar con la desigualdad y la pobreza. 

POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNAM


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