Paredes embarazosas

En el año 1992, 4 antes de morir, Enrique Álvarez Félix protagonizó su última obra de teatro: “Alerta en Misa” misma que ya había representado una década antes

Paredes embarazosas
Atala Sarmiento/ Anecdatario/ Opinión El Heraldo de México

En un escenario teatral hay 3 paredes físicas, una al fondo y dos laterales. Pero existe una más, invisible, imaginaria, ubicada entre la vida de los personajes y la realidad de los espectadores. Ese muro es conocido como “La cuarta pared”; puede romperse cuando uno de los actores sobre el escenario tiene algún tipo de interacción con la audiencia presente y puede darse voluntaria o espontáneamente.

En el año 1992, 4 antes de morir, Enrique Álvarez Félix protagonizó su última obra de teatro: “Alerta en Misa” misma que ya había representado una década antes interpretando a un personaje distinto.

Para esa última vez, lo acompañó en escena Alberto Mayagoitia, dirigidos por Jose Luis Ibáñez en el teatro Polyforum Cultural Siqueiros: un escenario redondo, pequeño e íntimo en donde la cercanía entre el público y los actores era estrecha.

La historia es sobre un sacerdote de una rica arquidiócesis -Álvarez Félix- y un seminarista de la misma clase social -Mayagoitia- que cuestiona la relación entre el cura y sus feligreses. El escenario se había dispuesto simulando una pequeña iglesia y en lugar de butacas, se colocaron unas bancas de madera como en las que te sientas cuando vas a misa los domingos.

En una época en la que no era común el uso del teléfono celular y en la que no estábamos aún tan digitalizados, de pronto, durante el primer acto, sonó el timbre de un teléfono. El propietario del mismo, quien ocupaba una de las primeras bancas, tomó la llamada y sostenía una conversación mientras la obra seguía su desarrollo.

Sospecho que Alberto Mayagoitia se sintió inquieto y distraído ante la imprudencia del espectador, y de golpe, puso en pausa la obra y decidió romper la cuarta pared dejando caer su puño sobre una mesa y diciendo con mucha molestia al inoportuno espectador: “Vamos a esperar a que el señor termine de hacer su llamada, para poder continuar con la obra”.

Se hizo un silencio incomodísimo en el teatro y a Enrique Álvarez Félix, quien lucía totalmente descolocado, le giraban los ojos de un lado a otro intentando entender lo que sucedía. El señor terminó su llamada y la obra continuó, aunque a los protagonistas les costó trabajo volver a entrar en escena.

Llegó el intermedio y los gritos desencajados de Enrique Álvarez Félix, reprendiendo a Mayagoitia por lo que hizo, se podían escuchar desde los camerinos hasta las bancas. Fue muy embarazoso, hubo gente que se salió y no volvió al segundo acto.

Cuando la obra terminó, tras los aplausos, Alberto ofreció unas disculpas que no sonaron muy convincentes.

La disciplina teatral es algo muy serio, pero hay impertinencias del público que pueden crispar hasta a el más disciplinado de los actores al grado del olvidar el rigor de la obra y traspasar esa misteriosa cuarta pared.

POR ATALA SARMIENTO
COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ATASARMI


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