Japonomics

En ese país se aplicó la “expansión cuantitativa”, que implica un estímulo a la economía e impulso a la recuperación del crédito

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Vanessa Rubio/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

AbenomicsKurodanomics, y ahora Suganomics, todos apuntan a la misma política, aunque por distintas razones y contextos. El 16 de septiembre el emperador Naruhito de Japón invitó al recién electo presidente del Partido Liberal Democrático (PLD), Yoshihide Suga, a formar un nuevo gobierno, lo que lo hizo Primer Ministro en sustitución de Shinzo Abe. Una de las razones por las que Abe fue conocido en el mundo, fue su política económica apodada Abenomics (complemento de Kurodanomics, por Haryhiko Kuroda, quien estuvo al frente del Banco Central).

Esta se basó en la denominada “expansión cuantitativa”, que implica un estímulo a la economía y un impulso a la recuperación del crédito a través del incremento en la oferta de dinero. El Banco Central adquiere activos financieros (bonos gubernamentales y acciones privadas) y logra una importante inyección de recursos en contextos de inflación y tasas de interés muy bajos o incluso negativos (deflación). Su objetivo es disminuir el costo al cual se financia el Estado; por la vía de aumentar la demanda de los activos financieros y el precio de la deuda pública, mientras que las acciones y bonos de las empresas disminuyen, lo que hace atractiva la inversión en las mismas.

También se tiene el efecto de depreciación del tipo de cambio, lo que eleva la competitividad de las exportaciones. La deflación experimentada en Japón limitó sensiblemente la capacidad de crecimiento, la generación de empleo y los incrementos salariales, obligando a las nuevas generaciones a la austeridad, a permanecer en casa de sus padres, a andar en bicicleta y transporte público en vez de comprar un auto, y en general, a preferir la certidumbre ante el riesgo, con altísimos costos en innovación y emprendedurismo.

Si bien lograron algunos rebotes, por distintas razones, la economía japonesa se vio desde los 1990 y hasta la fecha, envuelta en una necesidad constante de continuar con la política de estímulos. Lejos de normalizar su política monetaria, de 2014 a 2019, el Banco de Japón inyectó casi 5 billones de dólares para enfrentar la deflación y generar crecimiento en una economía estancada. Este 2020 se exacerban los retos para Japón, lo cual hacen aún más difícil el poderse alejar de la política de expansión cuantitativa: pandemia, crisis económica y la cancelación de los Juegos Olímpicos, que implicaron grandes gastos y cero retornos. Si bien en 2015-2017, como resultado de los Abenomics Japón logró hilar tres años de crecimiento no visto desde la década de los 1980s, hoy vuelve a enfrentar una situación en extremo delicada que los podría regresar al punto de partida deflacionario y de estancamiento económico. Adicionalmente, las reformas estructurales pendientes (fiscales, laborales, productivas vinculadas a las Pymes y de desregulación) serán mucho más difíciles de implementar en un contexto de contracción mundial. Vaya reto económico que enfrenta el primer ministro Suga al frente de la tercera mayor economía del mundo. Esta crisis donde por primera vez se le pide al mundo parar la oferta de bienes y servicios de manera generalizada, traerá costos sobre el empleo y los ingresos; y adicionalmente, cada país tendrá retos que enfrentar, que se mezclarán con esta tendencia global que dista aún de estabilizarse dados los nuevos brotes de la enfermedad y los consecuentes cierres económicos parciales.

 

POR VANESSA RUBIO
COLABORADORA
@VRUBIOMARQUEZ
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