Cantemos una canción. Armando Manzanero y la educación musical de México

El maestro es ya una leyenda, ya que Su obra y su impulso estarán presentes para las futuras generaciones

Cantemos una canción. Armando Manzanero y la educación musical de México
CLÁSICOS. "No", "Adoro", "Esta tarde vi llover" y "Voy a apagar la luz" son algunos de sus éxitos. Fotos: Cuartoscuro.

Un día como tantos sonó el teléfono de mi antigua oficina. Era el año 2008. Del otro lado, una melodiosa voz, con ese inconfundible aire yucateco, dijo:  "Buenos días, habla Manzanero. Doctora Lucina, la quiero invitar a comer". Mientras escribo este texto, la voz de Manzanero resuena en mi memoria, como en la de miles de personas en todo el mundo.

La llamada me sorprendió, porque yo no conocía personalmente a Armando Manzanero. Por supuesto, le reconocía por su destacada carrera como compositor y productor, por su liderazgo en muchos campos de la industria musical, la producción y el quehacer televisivo. Por su activismo al frente de la Sociedad de Autores y Compositores de México, entidad con la que establecí vínculos décadas atrás, cuando por afanes de Reyes Vaysade, Martha Turok, Mario Kuri Aldana y Vicente Mendoza, se editó el Cancionero Popular Mexicano, una obra que se volvió imprescindible y en la cual tuve el gusto de participar.

Día del compositor

Manzanero puso fecha y lugar. Llegado el día, la mesa estaba poblada de compositores, de esos profesionales a quienes expresamos este 15 de enero todo nuestro reconocimiento, en el Día del Compositor, porque son hombres y mujeres capaces de atrapar el gusto y los corazones de miles de personas con su poética, con sus acordes, con su música. Muchos de ellos, empezando por el propio Manzanero, han logrado hacer que la música mexicana ocupe un lugar fundamental en los catálogos internacionales. La riqueza musical de México es inagotable. Su diversidad, parte del patrimonio cultural de nuestro país.

Este año que celebraremos el Día del Compositor, honrando la memoria de Manzanero, me permito esta suerte de testimonio, porque estoy convencida de que es mucho el camino que tenemos que andar en relación con el fortalecimiento de las prácticas artísticas en las escuelas públicas y privadas de México, y por fortuna también mucho lo caminado. El espíritu de Manzanero habrá de impulsarnos a seguir.

FAMA. Sus temas fueron interpretados por múltiples estrellas internacionales.

Don Armando tenía muy claro el motivo de su llamada. Estaba siendo congruente con su propio impulso, con su acostumbrada capacidad de reconocer en los demás sus potencialidades y estimular su desarrollo. Su forma de hacerlo siempre estaba envuelta con esa amabilidad que irradiaba en su trato y en su manera de dirigirse a las personas. Nunca dejaré de agradecer ese gesto que dio lugar a más de una década de diálogo y colaboración, de amistad y respeto que enriqueció la que habíamos tejido antes con Roberto Cantoral o con el ingeniero Gonzalo Curiel. 

Ese día descubrí otra faceta de Manzanero, de un gran compositor, autor de cientos de obras que forman parte de la educación sentimental de muchas generaciones en México, de América Latina y del mundo. Supe del interés educativo y social de quien ha sido interpretado por destacados y diversos representantes del mundo artístico internacional: Los Beatles, Elvis Presley, Perry Como o Dionne Warwick, de quien compartió escenarios y voces con Fito Páez o Filippa Giordano, por no mencionar a otros muchos, otras muchas representantes del pop y del mundo romántico de habla hispana.

Cada que cambia el gobierno, explicó Manzanero, he ido a hablar a la Secretaría de Educación Pública para que se retome el canto en las escuelas, para que se cante la música mexicana. Las actuales generaciones ya no conocen nuestras canciones. Se ha perdido el interés, y eso no está bien, señaló enfático.  Siempre me decían que sí, pero nunca me decían cuándo, ni cómo. No pasaba nada.

AUTORA. Martha Barragán Méndez “MAR”, directora de Caricaturistas con Causa.

Doña Lucina –continuó ante esa mesa llena de talento y alegría– ha logrado entrar a las escuelas públicas de México y hacer que las niñas y los niños de muchos lugares del país canten. Y que canten música mexicana. Y por eso quise invitarla. Manzanero siempre va a estar para usted. Para apoyarla en todo lo que se necesite, afirmó.

Ah que la canción

Manzanero se refería al repertorio y método denominado Ah que la Canción, Música Mexicana en la Escuela, creado por ConArte, la entidad que dirigí antes de ser titular del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.  En una colaboración con la SEP, se había dado a conocer el material, ante la presencia de decenas de compositores, hombres y mujeres, en un acto insólito poco frecuente en esos años, en el cual se reunieron directores de conservatorios, arreglistas, compositores de música de concierto y de música popular, sin distinción alguna.

Ese trabajo en realidad fue muy colectivo. Participaron compositores, músicos, cantantes, directores y directoras de coros, maestros de música y/o de aula, para hacerlo posible. Yo sólo había pensado y coordinado la iniciativa, luego de escuchar el interés que tenían niñas y niños de cantar. Se buscó dar una respuesta a un desafío, ¿Cómo impulsar el canto en las escuelas públicas?, donde no había instrumentos musicales, donde no había repertorios, salvo uno históricamente reconocido que se había publicado y estaba agotado desde los años 80, editado por el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. La tarea no era fácil, y así lo comprendía Armando Manzanero, quien solía involucrarse más allá de lo que se mira a primera vista.

Me consta que doña Lucina creó un método que hizo sumando a grandes compositores para hacer versiones modernas de muchas de las más bonitas canciones mexicanas y ha logrado que las niñas y niñas las canten con mucho entusiasmo. Los hizo repetir los arreglos todas las veces que fue necesario, hasta que se logró que le hallaran el modo, pensando en los niños, en las niñas.  También se puso a enseñar a los maestros a leer música y les abrió el camino para que inicien el día con una canción. Para que las canciones sean parte de muchos otros temas que trabajan las escuelas. Es un esfuerzo muy serio, concluyó.

UN GRANDE. Fotografía: cortesía de la Sociedad de Autores y Compositores de México. Foto: Cuartoscuro.

El trabajo realizado fue efectivamente riguroso y esencialmente de formación de docentes, de profesionales de la música y del canto en muchos estados del país a quienes se dio acompañamiento. El desarrollo de varias ediciones de los repertorios y del método que fue abrazado por muchos docentes, dio lugar al movimiento coral escolar más importante posterior al que impulsara el maestro Luis Sandi, hasta los años 60. Y es que después, sucesivas reformas pensadas desde la productividad y el racionalismo puro y frío, alejaron la práctica artística como espacio no sólo de expresión, sino de formación de conocimiento y pensamiento creativo de la experiencia educativa de millones de niños y niñas, de adolescentes que son esencialmente musicales y cuya cultura corporal necesita de las artes.

Club de industriales

Manzanero atestiguó el nacimiento de los primeros grupos de canto. Acompañó a niñas y niños de las escuelas públicas más frágiles del Centro Histórico, en su primera presentación pública en el Club de Industriales, en un impulso que se debió a Jorge Sánchez Cordero, a Pepe Carral y al propio Armando Manzanero.

Manzanero es parte de esa memoria del Mayab al que alude Mediz Bolio en su obra La Tierra del Faisán y del Venado. Sólo caminando esa tierra del sureste, nutriéndose de la trova yucateca, de sus alegrías y sus nostalgias, de su gastronomía; sólo si se aprende a bailar la jarana, como Manzanero solía hacerlo desde joven y hasta sus últimos días, se puede tener esa sensibilidad, esa conciencia que le hacía mantener su lengua maya en la que se comunicaba con su abuela.  Manzanero buscaba ser fiel a su propia memoria.

“Yo recuerdo de mis días de primaria la llegada, hasta mi humilde y modesta escuela de barrio, de un señor alto y delgado que, después de acomodar su bicicleta junto a un árbol, sacaba de un estuche su violín, lo afinaba y con él cantábamos, no sé si dos o tres canciones antes de comenzar la primera clase.

Nuestra pequeña comunidad de estudiantes lo esperaba todas las mañanas con mucho entusiasmo, para cantar acompañados de su violín. Eso lo llevo dentro del alma, a tantos, pero tantos años de distancia. Su nombre es Manuel López, y digo, es porque gente que deja huella jamás se va”, escribió Armando Manzanero en la introducción de ese método de canto que busca enriquecer el alma de las niñas y los niños de México.

Aprende en casa

A la fecha, en trabajo conjunto con la SEP, el INBAL busca restablecer bajo una mirada contemporánea y colaborativa entre sociedad civil, escuelas, autoridades y profesionales de las artes, nuevos recursos pedagógicos y experiencias basadas en prácticas artísticas interdisciplinarias, con el concurso de todas las instancias que contribuyen a hacer posible la educación pública en estas circunstancias de pandemia, a través del programa Aprende en Casa. Ya habrá momento de retomar otras muchas experiencias de educación en artes, como parte de los derechos culturales de nuestras infancias y adolescencias, cuando la emergencia sanitaria lo permita.

Y es que México es tierra de cantantes, tierra de músicos, de niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos que aman la música y que se interesan por cantar.  No en balde cantantes tan destacados en el mundo operístico son de origen mexicano. Lo que falta son oportunidades, y esas hay que seguirlas abriendo, a pesar de esta pandemia que nos ha arrebatado a un impulsor de la educación musical en México y a muchas otras personas que han contribuido al mundo de la música, la danza, el teatro, la imagen en México y en el mundo.

LEGADO. Manzanero contribuyó a reforzar el ser romántico del mexicano contemporáneo. Foto: Cuartoscuro.

Manzanero tenía clara una cosa. Hasta las plantas necesitan de la música, decía. Las personas que tienen concepto de música son más creativas y menos violentas. Quien se acerca a la música es gente de paz. Y es que cuando se vive el mundo desde o a través de la música, cuando ésta nace desde dentro, es una fuente que nutre la arquitectura emocional con la que se puede cambiar la relación entre las personas, pero también encontrarle múltiples sentidos a la vida. La música puede hacer comunidad, si se piensa desde ahí.

Mientras he estado al frente del INBAL, Manzanero nunca dejó de mostrar su compromiso con el estímulo a las nuevas generaciones de compositores y músicos mexicanos y su amistad.  En la Sala de Conciertos del Centro Cultural Roberto Cantoral compartimos palabras de apertura de las Jornadas de Música SACM-INBAL, 2019, en las que se celebra la diversidad de la música mexicana y se estimula a los nuevos talentos en la composición de música en México. Ese último año en que se realizó de manera presencial, se presentó la Orquesta Típica de Yucalpetén, fundada en 1943, y el Ballet Folklórico del estado.

Pasa Tono

Él había hecho las gestiones y sumó la energía del gobierno del estado de Yucatán, para que esta emblemática Orquesta, guardiana de la música tradicional de la entidad estuviera presente en la Ciudad de México, abriendo el Festival Artístico de Otoño, en el que participaron también la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, el Cuarteto Latinoamericano, Pasa Tono y más de 70 músicos y compositores, hombres y mujeres entregados a la música en México. En él se rindió homenaje a Carlos Chávez.  Lo recuerdo al momento de darme la palabra decir: “A esta señora yo la respeto y la quiero mucho. Esta esta es tu casa: tú puedes decir lo que tú quieras. Ustedes saben que a ella le debemos que los niños y niñas canten música mexicana”

Manzanero es ya una leyenda que habrá que seguir descubriendo.  Compositor, productor, hombre espontáneo, con un sentido del humor imprescindible, firme en sus ideas y tajante en sus juicios en aquello que no compartía. Pianista destacado, su poética se liga con un romanticismo que, sin duda, forma parte de varias generaciones.

Nos hacemos viejos cuando dejamos de amar, decía Armando Manzanero.  Su obra y su impulso estará presente para las futuras generaciones. Las personas que dejan huella no se van.

Por Lucina Jiménez


Compartir