Cuando el gobierno mexicano prohibió la comercialización de cigarrillos electrónicos y dispositivos alternativos de nicotina, lo hizo con el argumento de proteger la salud pública. Sin embargo, la realidad del mercado —esa terca e inevitable realidad— nos dice otra cosa: lejos de desaparecer, el consumo no solo persiste, sino que crece.
Y con él, también se expande un negocio informal sin regulación, sin control sanitario y, lo más preocupante, sin recaudación fiscal.
Nuevos datos del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México revelan que el mercado de los e-cigarrillos en México alcanza un valor estimado de 26 mil millones de pesos anuales. En un país donde cada peso cuenta, hablamos de una industria del tamaño de un programa federal.
¿Más claro? La recaudación potencial del IEPS en este sector podría superar seis mil 900 millones de pesos al año. Es decir, casi 30 por ciento del presupuesto destinado a Jóvenes Construyendo el Futuro. ¿Y quién consume estos productos? Pues los mismos jóvenes que el gobierno pretende proteger.
El 6 por ciento de la población adulta usa vapeadores, unos cinco millones de personas. Y casi la mitad de quienes lo hacen regularmente tiene entre 25 y 34 años, según una encuesta realizada en septiembre de 2024.
Las mujeres superan a los hombres en el uso de cigarrillos electrónicos, aunque ellos dominan en el consumo de sistemas con cartuchos y productos de tabaco calentado. Y lo que es peor: siete de cada 10 vapeadores adquieren sus productos por canales informales. ¿Tiendas especializadas? Sí. Pero también redes sociales, apps, tiendas en línea, amigos o vendedores callejeros.
El resultado es que estos productos escapan por completo al radar oficial, circulan sin control de calidad y no pagan impuestos. La percepción pública sobre la prohibición también cambia. Solo 6 por ciento de los encuestados cree que estos productos no están disponibles en el país. La mayoría los ve en las calles, en tiendas, en redes. La norma es letra muerta.
Un tercio opina que una regulación adecuada aumentaría la calidad. Y más de la mitad cree que los adultos deben tener acceso a información clara sobre estos productos. A pesar de las restricciones, la demanda crece. En 2024 se vendieron millones de cartuchos, e-líquidos y vapeadores desechables.
México ha empujado el negocio al sótano de la ilegalidad, con todo lo que eso implica: contrabando, productos de baja calidad, y en algunos casos, la participación del crimen organizado. ¿Queremos proteger a los jóvenes? Prohibamos los vapeadores desechables, que concentran los sabores más atractivos y mayor accesibilidad. ¿Queremos evitar adicciones tempranas? Implementemos campañas de información y regulemos los sabores. ¿Queremos recaudar? Apliquemos un IEPS progresivo que grave proporcionalmente la nicotina y los volúmenes. ¿Queremos seguridad? Exijamos estándares sanitarios, etiquetado y trazabilidad.
POR JAIME NÚÑEZ
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