Desde tiempos remotos, en casi todas las culturas, ha existido una consideración sobre la importancia que tiene para la vida de los seres humanos alcanzar “la felicidad”. Las definiciones sobre qué significa exactamente esa noción, y especialmente sobre cómo se accede a ella, varían enormemente, aunque todas coinciden en que la felicidad es lo opuesto al sufrimiento humano.
Cómo se alcanza la felicidad es un tema presente en las obras de filósofos, líderes religiosos, historiadores, escritores y, en general, de los estudiosos de las sociedades. La felicidad ha sido una preocupación central de las grandes religiones, como el cristianismo o el budismo. En su evangelio, San Mateo atribuye a Jesús de Nazaret la frase “No sólo de pan vive el hombre”, para resaltar que la satisfacción de las necesidades materiales no es suficiente para alcanzar una vida plena. Los seres humanos necesitan de valores espirituales y cívicos, de un cuerpo de creencias básicas, de fe, de esperanza, y de la solidaridad, para sentirse felices o, al menos, satisfechos. Para el budismo, la causa principal del sufrimiento humano reside en el deseo. La renuncia consciente a los deseos lleva al camino del equilibrio del alma y, en su forma más excelsa, pero muy difícil de alcanzar, a la iluminación.
En el Renacimiento, la felicidad empezó a considerarse como la capacidad real de los seres humanos de disfrutar de la vida terrena, sin dejarlo todo para la vida eterna. Más adelante, John Locke enfatizó que la búsqueda de la felicidad era en realidad un derecho natural del ser humano, y Jeremy Bentham desarrolló el utilitarismo, en que argumentó que el mejor régimen político era aquel que lograba la mayor felicidad para el mayor número de personas.
En la Declaración de Independencia de Estados Unidos, Thomas Jefferson afirmó que todos los hombres tenían derechos inalienables, entre ellos a la vida, la libertad, la propiedad y “la búsqueda de la felicidad”. La mayoría de las constituciones nacionales modernas, así como los instrumentos internacionales de derechos humanos, no mencionan explícitamente a “la felicidad” como el objetivo central del Estado, pero sí enfatizan que los derechos humanos son inalienables y que todas las políticas públicas deben encaminarse hacia el bienestar de la persona. Esa es también la premisa central de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
En 2008, Bután, uno de los países de menor desarrollo relativo del mundo, hizo de la felicidad un objetivo central, al declarar que "el Estado deberá esforzarse para promover aquellas condiciones que permitan la búsqueda de la felicidad". Como resultado de esa decisión, Bután mide el progreso a través del “Índice de Felicidad Nacional Bruta”, basado en el bienestar psicológico, el uso del tiempo, la vitalidad comunitaria, la educación, la salud, la diversidad cultural, la conservación ecológica, el nivel de vida y el buen gobierno.
En 2011, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución muy especial, promovida por Bután, destacando la necesidad de una aproximación más integral al concepto de desarrollo, que incluyera el grado de felicidad y bienestar de las personas. Un año después, la Asamblea declaró el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad. En 2016, los Emiratos Árabes Unidos crearon un Ministerio de la Felicidad encargado de promover políticas públicas para el bienestar y la felicidad de los ciudadanos.
Aunque no es un documento oficial de la ONU, el “Informe Mundial de la Felicidad” es una publicación que evalúa el estado de la felicidad global y sirve como herramienta para que los gobiernos formulen políticas públicas orientadas al bienestar de sus ciudadanos. El informe señala que el Producto Interno Bruto (PIB) no cubre completamente el bienestar y la felicidad de la población, lo que resalta la necesidad de desarrollar indicadores más integrales que consideren aspectos sociales, ambientales y económicos.
El Informe contiene un ranking de felicidad que se basa en datos recopilados por Gallup World Poll, con encuestas a miles de personas en más de 150 países. La clasificación se hace en función de seis variables, que incluyen: 1. PIB per cápita; 2. Red de apoyo social (tener a alguien en quien confiar en momentos de dificultad); 3. Esperanza de vida saludable; 4. Libertad para tomar decisiones de vida; 5. Generosidad, donaciones y ayuda a otros; 6. Percepción de corrupción en el gobierno y las empresas. Los seis factores se combinan para obtener un índice de felicidad promedio por país. https://worldhappiness.report/
Los países con mejor calidad de vida, bienestar social y menor desigualdad, como Finlandia, Suecia y Dinamarca, suelen ocupar las primeras posiciones. El pasado 20 de marzo se publicó el Informe correspondiente a 2025. La novedad es que, por primera vez desde que se publica este Informe, México apareció en el décimo lugar. Según los autores del Informe, eso se debe a la solidez de las familias en nuestro país, que proporcionan una red de apoyo emocional y práctico, que contribuye significativamente al bienestar de las personas. También destacan que en México existe una cultura que valora la ayuda mutua, la generosidad y el compartir con los demás, que fomentan un sentido de comunidad y pertenencia. Por último, el Informe menciona una ligera mejora en indicadores económicos y sociales. Aunque el país enfrenta enormes desafíos como la violencia y la desigualdad, ha habido algunos avances en áreas que impactan positivamente la percepción de bienestar de la población. Y usted, amable lectora o lector, ¿cómo se siente? ¿Se siente feliz?
MIGUEL RUIZ CABAÑAS ES DIPLOMÁTICO DE CARRERA Y PROFESOR EN EL TEC DE MONTERREY
@miguelrcabanas
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