COLUMNA INVITADA

La muerte anunciada de quien debiera velar por la democracia y el diálogo

El PRI ha sido uno de los partidos políticos que más se ha adaptado a los cambios de una sociedad que ha pedido a gritos mayor igualdad, una protección generalizada de derechos e, incluso, una negativa a volver a las prácticas de antes

OPINIÓN

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Nuvia Mayorga Delgado / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: El Heraldo de México

Lo que sucedió el fin de semana con la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional es la consecuencia lógica de no parar a tiempo y entender que no vivimos en una sociedad de los setenta en donde el régimen permitía hacer lo que quisiera y la eternización en los cargos era viable. Hoy tenemos una sociedad que se ha vuelto mucho más crítica y que exige del partido en el gobierno, así como de los partidos de oposición, una mayor apertura al diálogo, democratización en todos los cargos políticos e institucionalidad cuando se trata de defender los derechos de todos, ya que si bien las mayorías permiten modificar las normas a modo, la ética es el primer filtro para decisiones autoritarias que surgen de la coerción y de cooptar conciencias a cambio de un beneficio personal. Un instituto político histórico parece que ha firmado su sentencia de muerte y aunque muchos confabularon para ello, queda claro que la firma estampada en la debacle sólo corresponde a una persona.

El PRI ha sido uno de los partidos políticos que más se ha adaptado a los cambios de una sociedad que ha pedido a gritos mayor igualdad, una protección generalizada de derechos e, incluso, una negativa a volver a las prácticas de antes. Y es que, en efecto, un ala muy importante del partido se ha mantenido crítica y ha asumido las derrotas como una falta de introspectiva con todo lo que conlleva.

Anteriormente, los propios estatutos generaban certeza y provocaban institucionalidad en todos sus integrantes, entendiendo que el mayor anclaje del grupo descansaba en la cercanía que tenía con la gente en los dos sectores más grandes que existieron en la sociedad posrevolucionaria: el sector campesino y el sector popular. La respuesta a esas peticiones era directa ofreciendo satisfacción de necesidades básicas y la esperanza de escalar socialmente.

Hoy, con todo lo que ha sucedido, el problema interno es menos grave que la percepción externa aun cuando una retroalimenta a la otra, ya que no pasa desapercibido para la gente que el escenario de grandes ideólogos, se ha convertido en un espacio hueco, sin oportunidad de disentir. Resulta claro que los grandes y valiosos cuadros del PRI han sido aplastados por una mera ambición personal del dirigente.

Entendemos desde las diversas teorías del poder que se han escrito a lo largo de la historia de la humanidad, que el mantenimiento del mismo es la meta y el fin último, sin embargo, ahora las formas importan porque cada paso esta bajo el escrutinio público, al grado de que la sociedad no sólo quiere gobernantes limpios, sino políticos en general cabales, honestos, directos y que obtienen sus beneficios con base en resultados, los cuales, creo que ha nadie le queda duda, tiene años que la dirigencia de ese partido no ha ofrecido.

La renuncia de perfiles en el PRI derivado de la cerrazón de la dirigencia fue la pérdida más grave. Ya que quienes se fueron se caracterizaron por ser políticos profesionales y servidores públicos excepcionales con resultados tangibles en sus encargos, demostró que no se trataba de un enojo pasajero sino de una decepción profunda no al partido que los vio nacer y que en sí mismo no tiene la culpa por la grandeza de su militancia, sino de la dirigencia que en una ambición enorme destrozó todo.

Lo que se viene aunque incierto apunta a otra desbandada debido a que se asume que la falta de oportunidades y las decisiones verticales permearán en la vida política de un instituto que empeñó uno de sus ideales como el no permitir la reelección por tantos periodos creyendo además que las y los delegados avalaron esa contradicción por sus propias convicciones, ya que muchos de ellos se vieron acorralados entre el sentimiento de seguir permaneciendo y la amenaza de no mover un solo dedo si no existe la aprobación de una sola persona.

Con el tiempo se verá cuánto daño se ha hecho a un partido que en la oposición se ha opacado y apagado al nivel de no saber debatir. Sin duda, la falta de una oposición sería, sólida y abierta al diálogo no afecta al partido mismo, sino que es un fuerte golpe a la democracia que busca tener mejores opciones políticas. Habrá que esperar a corto y mediano plazo que pasa con el PRI, ya que cuando creemos que ha tocado fondo, la dirigencia se encarga de hundir más a un histórico de la política mexicana.

POR NUVIA MAYORGA DELGADO

COLABORADORA

PAL